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Gobierno de ministras

Mujeres y feministas

Jenn Díaz

Cuando defendemos las cuotas no estamos defendiendo políticas feministas en exclusiva, sino que cualquier mujer pueda llegar a los mismos puestos -normalmente de poder- que los hombres

El día que supimos que el Govern no sería paritario, clamamos al cielo —y con razón—. Días más tarde, cuando supimos que el Gobierno no solo no sería paritario sino que habría mayoría de mujeres (11+6), matizamos que un Gobierno con mayoría de mujeres no significaba un Gobierno feminista. A lo que yo respondería con sencillez: ya lo sabemos. Y añadiría: y qué.

Cuando defendemos las cuotas no estamos defendiendo políticas feministas en exclusiva, sino que cualquier mujer pueda llegar a los mismos puestos —normalmente de poder— que los hombres. Alcanzar la misma posición que un hombre ni significa que lo vayas a hacer ni mejor ni peor que ellos, significa que la representación será más fiel a la sociedad que tenemos.

Liderar con perspectiva de género

Las mujeres que llegan a poder, ya lo sabemos, no siempre van a liderar políticas con perspectiva de género. Ya lo sabemos, y qué. No hace falta escarbar demasiado para encontrar ejemplos: Soraya Sáenz de Santamaría, Angela Merkel, Dolors Montserrat. Que el nuevo Gobierno socialista sea un Gobierno de ministras y ministros —por este orden— y que la mayoría sean mujeres es una buena noticia, por más discrepancias ideológicas que tengamos, por más desconfianza que nos genere, por pocas expectativas que hayamos depositado en él.

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Mujer y feminista pueden ir por separado. Defender las cuotas de paridad y cumplirlas —incluso cuando la ley no te obliga, sino que te recomienda— nos permite no quedarnos fuera de los puestos de decisión, aunque las mujeres que finalmente accedan a dichos puestos no defiendan una política que nos represente. Entiendo las reticencias, entiendo que haya quien no quiere ver en una mayoría de mujeres ninguna esperanza; entiendo todo.

Yo, personalmente, y asumiendo como propias las desconfianzas y las críticas, no puedo hacer otra cosa que alegrarme por un gobierno de ministras y ministros, con mayoría significativa de mujeres, incluso cuando las políticas que desarrollen las socialistas estén a las antípodas de lo que espero del Gobierno del Estado —si es que, a estas alturas, espero algo—.

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