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LA CLAVE

Las redes sociales generan cámaras de reverberación. De ahí surge su eficiencia persuasiva. Permiten afinar los impactos sobre objetivos concretos hasta límites insospechados. En momentos de ebullición, como esta última semana en España, el efecto de la reverberación se multiplica. En ciertos barrios digitales, el gobierno de Pedro Sánchez se ha recibido con una euforia que no se conocía desde los tiempos de Leire Pajín y sus augurios del liderazgo planetario de Zapatero. Los ciclos políticos en España empiezan a responder a un mismo patrón: gobiernos extremos de la derecha seguidos de inesperados retornos al centro con estética casi de extrema izquierda. Tras los hilillos del Prestige, la guerra de Irak y las mentiras del 11-M, llegó Zapatero a la manera de los santos súbitos vaticanos. Ahora, tras el rescate a muy buen tipo de interés (bancario), los hachazos al estado del bienestar y aquel mítico “Luis, se fuerte”, las formas y el equipo de Pedro Sánchez parecen agua de mayo. Hará bien el nuevo presidente en administrar las expectativas porque las necesita para durar. Diríamos que un año lo tiene casi asegurado. Puesto en lo peor, Rajoy ha decidido que la oposición es más cómoda para cambiar de líder. Y necesitará tiempo para asentarlo. Al menos, hasta las elecciones del 2019, cuando la implantación territorial del PP permitirá rematar la jibarización de Ciudadanos, iniciada con la moción de censura.

Posiblemente no hay para tanta euforia. Pero aún menos para tan poca como esgrimen algunos, especialmente el anillo más resentido del entorno de Quim Torra deseoso de encontrar tuits tan deleznables como los de su líder. Si el independentismo tiene alguna posibilidad, lo seguro es que no surgirá de este tipo de comportamientos infantiloides. Mejor harían en resituarse. España es un Estado, como se ha demostrado en la última semana que, en situaciones de riesgo, tiene instinto de supervivencia. Su actitud es una estupidez solo comparable a la de quienes en los últimos años han tratado al independentismo como un mero sentimiento cuando se había erigido en un proyecto político que los TorraPujolBorràsCostaDalmases y compañía están dinamitando desde dentro.

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