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OPINIÓN

Messi, en la Ciutat Esportiva Joan Gamper, preparando el Mundial con Argentina.

¿Con quién va el culé?

Albert Guasch

Bartomeu, quizá sintiendo que recogía un sentimiento extendido entre los barcelonistas, afirmó que quiere que el Mundial lo gane de una vez Messi

Es una pregunta recurrente estos días aún de repaso y memorización de selecciones. No debe suceder en muchos países. Cenas con amigos y alguien arroja la pregunta sobre la mesa como una servilleta recién usada. ¿Con quién vamos?

Todos queremos ver muchos partidos del Mundial. Un Corea del Sur-México aparece repleto de alicientes. Y se planean reuniones bien regadas. Hay que buscar la pantalla más grande. El salón más cómodo. ¿Pero con quién vamos?

La Roja, dirán muchos, claro. Espppaña, precisarán otros, con enfática 'p'. Pero ya sabemos a estas alturas que la respuesta no es monocolor. Este país es como es y la identificación va como va. Y en cuanto llega una Copa del Mundo las simpatías pueden dispersarse, a veces por anclajes emocionales absurdos arrastrados desde hace años: una camiseta de Perú recibida durante la infancia, por ejemplo, es capaz de generar una fidelidad férrea que ya la querrían muchos matrimonios.

Pero no nos engañemos. La empatía política va a jugar un factor destacado en los apoyos profesados desde aquí. Lo bueno es que pueden disimularse esta vez con la vaporosidad de la adoración individual. Todos los barcelonistas creen que Leo Messi merece retirarse con un Mundial, ¿verdad? Pues a animar a Argentina, se dirán muchos asiduos del Camp Nou. Queda elegante. Más que desear según qué derrota. Y es una causa justa.

Patrias reforzadas

Josep Maria Bartomeu, comandante en jefe del barcelonismo, afirmó recientemente eso, que le gustaría ver al mejor jugador de todos los tiempos con un Mundial en su palmarés. Pep Guardiola, referente incuestionable, se refugió en el ecumenismo: quiere que ganen sus amigos, que son muchos y los hay en muchas selecciones. 

Uno aducirá fervor por Yerry Mina para ir con Colombia. Otro evocará un Erasmus en Berlín para aplaudir a Alemania. Y habrá quien citará a una esposa inglesa para apoyar la apuesta siempre perdedora que es Inglaterra. 

En un Mundial, está muy teorizado, las patrias se refuerzan. Pero también pueden mutar. Porque el deporte es política. Desde siempre. El aficionado del Barça está muy entrenado en ello.

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