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La tempestad llega al G-7

Albert Garrido

Los aranceles anunciados por Trump desatan una guerra comercial entre las grandes potencias de consecuencias impredecibles

Los peores vaticinios preceden a la cumbre del G-7 fijada para hoy y mañana en Charlevoix (Canadá). Al proteccionismo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a la libertad de comercio defendida con denuedo por la Unión Europea y China se suma la decisión de la Casa Blanca de retirarse del acuerdo con Irán, acompañada de la amenaza estadounidense de aplicar algún tipo de restricción o penalización a las empresas que inviertan en la república de los ayatolás. Un dardo envenenado disparado contra la extensa nómina de compañías –muchas de ellas europeas– que han iniciado el complejo proceso de normalización de relaciones con Irán, apoyadas por sus gobiernos.

La iniciativa de Trump, resumida en el eslogan America primero, amenaza con descoyuntar el statu quo internacional establecido y tutelado por la Organización Mundial de Comercio (OMC), con desencadenar una guerra comercial de consecuencias presumiblemente nefastas y con abrir una brecha en el largo proceso de recuperación de las grandes economías, heridas por la crisis del periodo 2007-2008.

Riesgos a escala planetaria

Cuando la primera ministra Theresa May califica de “injustificable y profundamente decepcionante” el gravamen del 25% impuesto por Trump al acero europeo no hace más que sumar el primer aliado de Estados Unidos en Europa al coro de voces que advierten de los riesgos que correrá en los próximos años el comercio a escala planetaria. Cuando europeos y chinos adelantan que, de persistir la obstinación estadounidense, la respuesta –penalización de algunos productos made in USA– dejará de ser lo relativamente contenida que es de momento, debe entenderse que la tempestad está a punto de llegar.

Cada vez que el entorno del presidente amenaza con cerrar la economía de Estados Unidos a las empresas que comercian con Irán o lo puedan hacer en el futuro, acrecienta el riesgo de que los intercambios comerciales se conviertan en un campo de batalla y las reuniones del G-7, en un remedo del Consejo de Seguridad con las normas de la OMC como referencia para toda clase de agravios y sanciones cruzadas. Detrás del temor expresado por economistas como Paul Krugman –“esta guerra comercial no creará empleo, sino que lo destruirá”– alienta la idea de que todo el mundo tiene mucho que perder en la refriega, especialmente Estados Unidos, en términos no solo económicos, sino también políticos, al degradar la relación con sus aliados históricos. Aquellos que como Angela Merkel lo han resumido de la forma sucinta y precisa: Trump quebró la confianza.

Sometidos a Israel

Para demasiados economistas es un rompecabezas el modelo matemático que ha llevado a la Administración de Trump a considerar un buen negocio el proteccionismo y el sometimiento a los designios de Israel para romper con Irán. Salvo que las decisiones concretadas durante las últimas semanas no obedezcan a un cálculo de rentabilidad contante y sonante, sino a una gran operación de márketing político de trazo grueso para llegar a las elecciones de noviembre pudiendo decir a su electorado: “Misión cumplida, América es lo primero”.

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