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El cambio político

Los nuevos ministros acompañados del Rey Felipe VI y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

JJ GUILLEN (EFE)

Consejo de ministras y ministros

Ángeles González-Sinde

La noticia no es solo que en el nuevo Gobierno ellas sean 11 y ellos, 6. La noticia es que son 11 mujeres altamente capacitadas y experimentadas

Entran en fila, ordenadamente en la sala de audiencias del Palacio de la Zarzuela. El comentarista afirma que España es hoy el Gobierno con más mujeres del panorama internacional. Todos están muy serios. Nerviosos, emocionados. Los hombres van vestidos parecido, limitados por sus trajes y corbatas. Las 11 mujeres todas distintas. De blanco, de rojo, de verde, de malva. Sobrias, discretas, dignas. Prometen el cargo y el gesto se relaja, se dibujan sonrisas. Ellas son 11, ellos 6. Pero no solo es esa la noticia. La noticia es que son once mujeres altamente capacitadas y experimentadas.

Se dice a menudo que si no hay más mujeres en puestos de responsabilidad es porque nuestros curriculos no alcanzan la extensión y densidad de los de ellos. Se justifica así, por ejemplo, la escasez de magistradas en el Supremo y otros puestos claves de la justicia. Pero esta semana esa teoría se ha desarmado. Claro que hay mujeres en todas las áreas y en todas las capacidades. Simplemente hay que tener voluntad para buscarlas y nombrarlas. No suelen brillar como sus colegas varones. Quizá no invierten tanto tiempo en crear redes de confianza, en salir a comer con este y con aquel, en autopromoverse, quizá les cuesta más dar un paso adelante, dudan, ponen otros aspectos vitales en la balanza, pero el poder y las mujeres se pueden llevar bien, se deben llevar bien si quien nombra esos cargos quiere. Como ha hecho Pedro Sánchez. Como hizo Zapatero. Porque el feminismo, la igualdad, son valores que se demuestran haciendo, no predicando. Ese es el valor de la política para una sociedad, su capacidad de dar ejemplo, de generar olas que se contagian.

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Quien hoy no tenga mujeres en su consejo de administración, se sentirá más avergonzado que hace una semana. Y si no se avergüenza, al menos se hará una pregunta clave: ¿no debería cambiar? Las niñas, las adolescentes, las jóvenes cuando vean el telediario habrán ganado muchas referencias. Percibirán que es posible ser mujer y decidir sobre lo más serio, lo más difícil, lo que nos concierne a todos. Que pueden aspirar a ser figura de autoridad y ejercerla. Proyectarán su futuro en más roles que hace una semana. Y sus compañeros de pupitre o de juegos también las verán con ojos nuevos, con la admiración que se siente por un igual colmado de posibilidades.

Dice la presidenta Michelle Bachelet que si una mujer entra en política cambia la mujer, pero si entran muchas cambia la política. Es una gran verdad, pero en este caso no solo cambiará la política, sino toda una sociedad. Tras siete años en los que la mujer fue borrada de la esfera pública, lo sembrado con el impulso de la ministra Bibiana Aído ha dado fruto. La marea de las mujeres ha resultado incontenible. Que cristalice y confluya en este nuevo Gobierno les tiene que dar fuerza y confianza. Están en sintonía con la sociedad, y por eso, a pesar de los tremendos obstáculos y constricciones que afrontan, se pueden dar pasos firmes y constructivos. Aunque no logren transformar la realidad tanto como desean, haber llenado ese consejo de ministras es una acción poderosa.

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