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Análisis del equipo de Sánchez

Un Gobierno que quiere pasar página

Joan Tapia

La principal apuesta es superar los obstáculos con ministros competentes y horizonte europeo

Pedro Sánchez ha formado un Gobierno para legitimar su nuevo mensaje. Ya no es el líder de una corriente radical del PSOE. No es tampoco el del "no es no" al PP. Sabe que lo tiene difícil (85 diputados sobre 350), pero apuesta por pasar página de las muchas miserias de los últimos años con un programa modernizador (entre otras cosas más ministras que ministros), europeísta, y gestionado por gente competente. Un veterano dirigente, crítico con Sánchez, sentencia: "Ha acertado, al no hacer un Ejecutivo para los suyos sino para una España abierta".

Las cinco claves

Intentará una síntesis con cinco características: Una, es un Gobierno de los dos PSOE: el que viene de Felipe González y Zapatero, con Josep Borrell, Carmen Calvo e incluso Margarita Robles, y el más sanchista, representado por José Luis Ábalos (su hombre para todo), la también valenciana Carmen Montón, Meritxell Batet (PSC)… Dos, es un Gobierno que prioriza la modernización económica y la apuesta por Europa. La ministra de Hacienda es María Jesús Montero, una médica-tanque que ha hecho cumplir a Andalucía los objetivos de déficit. La ministra de Economía, Nadia Calviño, era nada menos que la directora general de presupuestos de la UE y conoce Bruselas tanto como Madrid. El ministro de Agricultura, Luis Planas, ha sido embajador en Marruecos y ha tenido una muy larga carrera en Bruselas. Hasta ahora era secretario general del Comité Económico y Social de la UE. Mensaje: España quiere pintar en Europa y sabe que debe cumplir las normas de Bruselas. Borrell, antiguo presidente del Parlamento Europeo, tiene ahí uno de sus papeles y se moverá con más brillantez que García-Margallo o el triste Dastis.  

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Tres, el Gobierno sabe que Catalunya será clave. Con Borrell y Carmen Calvo está claro que la Constitución no será subastada ni rendida. Con Meritxell Batet (y Miquel Iceta de ministro sin cartera) que no quedará por "escuchar, dialogar y voluntad de consensuar" (palabras de Sánchez). Cuatro, es un Gobierno progresista, pero con ministros experimentados y técnicamente competentes. La fiscal Dolores Delgado, en Justicia; Magdalena Valerio, en Trabajo; Teresa Ribera, en Energía y Ecología, y la veterana (69 años) Isabel Celaá, consejera de Patxi López, con redes escolares distintas, en Educación. Y cinco, es un Gobierno con sorpresas. La portavocía no va a un político/a con ambición ni a una estrella mediática, sino a la seria Isabel Celaá. El nuevo Ministerio de Ciencia, al astronauta Pedro Duque, y el del Interior, al escrupuloso juez vasco (a veces próximo a los conservadores) Fernando Grande-Marlaska. ¿Transparencia en las investigaciones policiales y en los calabozos?

Sánchez es consciente del lío. Llega tras una legítima moción de censura, pero sin la unción de las urnas. Y no tiene detrás ninguna mayoría, aunque sí una gran confianza en sí mismo (¿excesiva?). Y piensa que la competencia y la capacidad de ilusionar pueden amortiguar la fuerza de la gravedad. Dijo que al menos por unos meses. Y ha formado un buen y plural equipo. 

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