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La hoguera

Los que trabajamos en prensa debemos ser más responsables con el ruido de la red social y combatirlo es una tarea democrática esencial si comprendemos que impide pensar, irrita y desinforma

La red social tiene un grave problema de ruido. Leo a izquierdistas que aportan pero los izquierdistas del ruido les ladran, los llaman traidores, los ridiculizan y no se les oye en la red o se les insulta de forma sistemática. Pasa lo mismo con feministas, ecologistas, independentistas, constitucionalistas, católicos y ateos, liberales y conservadores, frívolos y serios. A los más inteligentes, a los que no se conforman con la consigna les ladran, los etiquetan y si aparecen en el debate de la red es para ser despedazados.

No siempre fue así. Los pioneros recordamos otro ambiente, otro color. Hubo un golpe de estado en la red social y ganaron los del ruido. Hoy puedo decir que casi toda la gente que me gusta está fuera del debate del ruido o es simplemente despedazada por el ruido, sin debate, sin respuesta racional. Ofrecidos en la red en sacrificio diario al dios del ruido. Pero ¿quiénes son los del ruido? Son los virtuosos de cabeza vacía. Ellos tienen la misión sagrada de ladrar. Reaccionan a cualquier palabra disolvente acrecentando el ruido, lanzando el ruido contra el disidente como perros guardianes que ladran cuando una idea incómoda pasa paseando por delante de la valla de su casa.

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Llevo suficiente tiempo investigando este ruido como para asegurar que en verdad son cuatro gatos. El otro día un 'trending topic' fue reflejado por la prensa. Al parecer alguien la “había liado” por un comentario. El ruido que esa persona hizo con ese comentario era minúsculo, pero el sacrosanto ruido justiciero creció hasta volverse atronador. ¿Sabéis cuántas personas participaban de ese ruido? Apenas tres mil. Sin embargo varios titulares consideraron que eso era suficiente para acrecentar el ruido. Los medios aprovechamos el ruido para ganar algunos clics.

Los que trabajamos en prensa debemos ser más responsables con el ruido. Combatir este ruido es una tarea democrática esencial si comprendemos que el ruido es nuestra enfermedad. El ruido impide pensar, irrita y desinforma. Y tenemos mucha credibilidad que recuperar.

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