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El cambio político español

¡Sí, la dignidad!

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¡Sí, la dignidad!

Jesús López-Medel

Rajoy ha tenido siempre la soberbia de creer que no le pasaría factura su comportamiento

Mariano Rajoy evidenció en sus últimas horas como presidente del Gobierno, la misma actitud con la que durante seis años y medio ha actuado en tal cargo y que ha hecho que fuese despedido: la indignidad. Su comportamiento indigno por patético esas horas previas, su desprecio a la institución que le nombró y en la cual se debatía sobre su continuidad, pasará a la historia. Como asimismo, pasará a la historia por su manera de ejercer su cargo: un presidente indigno.

Una moción de censura se puede interponer por diversos motivos, generalmente relacionados con una mala gestión. Ha habido asuntos como el grave retroceso democrático que a mi criterio era razón suficiente para que se le hubiese despedido antes. Pero su estilo de gobernar ha tenido aprendices y fámulos y quienes rodean al poder asumen los tics del jefe.

Cinco ministros reprobados

Pasará Rajoy a la historia no solo como el primer presidente censurado sino aquel cuyo gabinete designado por él más reprobaciones acumuló: cinco ministros. El de Hacienda, el de Justicia, el de Interior, el de Asuntos Exteriores y la de Sanidad, junto con el anterior fiscal general. Todos ellos se tomaron sus reprobaciones en el Congreso a chirigota, a modo burlesco, con nulo respeto a la institución que representa al pueblo.

Queda atrás un reguero de recortes sociales, el descenso del nivel de vida de muchos, un gobernar para los poderosos, unas amnistías fiscales, una precariedad laboral dura, una manipulación feroz de la administración de justicia, de RTVE, la producción desde el Gobierno de una catalanofobia rupturista, una represión grave de derechos, el bloqueo de leyes de la oposición y un largo etcétera.

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Pero no ha sido esto lo que se ha esgrimido para echar al peor presidente sino su indignidad. Y ello, con la soberbia de creer que no le pasaría factura su comportamiento. Desde su falta de ética despreció que esa catarata de escándalos no iban a ser continuamente perdonados. Extendió barro sobre los demás para minimizar su culpa. El 'todos son iguales' fue calando. Pero no. No todos lo son. La maraña de tramas corruptas dirigidas por personajes infectos han proliferado por toda España. El lo sabía y no hizo por cortarlo. Nunca pasaba nada… Hasta que llegó una sentencia demoledora.

Hay mucha tarea para recuperar la dignidad institucional. No solo en la presidencia del Gobierno, sino en todos los órganos constitucionales

Junto a ello, se reprodujo en tiempos de José María Aznar el amancebamiento de la actividad política con el robo a gran escala de modo organizado y en beneficio del partido. Pero el mencionado fue capaz de reaccionar en alguna ocasión como en en el caso del presidente balear Gabriel Cañellas que recibió orden de dimitir desde Madrid. Eran unos primeros tiempos que pronto se relajaron y que dieron paso en el 2002 al mayor desfile de ladrones (ya entonces o después) convocados a una boda imperial y hortera.

Ya estaba Mariano Rajoy. Era el número tres del partido y hay que recordar cómo llegó. En el Congreso de 1990 donde emerge Aznar, este designó a Arturo Moreno como vicesecretario del PP. Poco después un juez destapa el escandalo de la financiación de ese partido. El tesorero Naseiro tiene que irse. También implicado fue ese joven ambicioso a quien se acomodaría en Telefónica. En esas grabaciones sale Zaplana. Arturo Moreno es sustituido por Mariano Rajoy que se coloca como número tres después de Álvarez-Cascos. Hace 28 años.

Expolio de dinero público

Luego en el 2005 llega a presidente y nombró como tesorero a un tal Bárcenas… Entre su indolencia, relativismo moral y continuidad de una organización corrupta en esencia, se produce durante años un expolio de dinero público que es repartido entre el aparato del partido y sus dirigentes. Es ya pasado negro quien pasará a la historia como 'presidente de la corrupción'. Y no eran casos sueltos o hilillos.

Ahora hay mucha tarea para recuperar la dignidad institucional perdida. No solo en la presidencia del Gobierno sino en todos los órganos constitucionales. El Congreso ha sido un apéndice del Ejecutivo, incumpliendo su función legislativa y siendo su presidenta una delegada del Gobierno. El Tribunal Constitucional está podrido y carece de credibilidad, habiéndose promovido para su jefatura un catedrático militante del PP. ¡Hicieron un informe jurídico diciendo que era legal!  El CGPJ, inutilizado por Alberto Ruiz-Gallardón, se ha convertido en una cueva de intereses y manejos inmorales sobre el poder judicial. El Tribunal de Cuentas se ha tapado los ojos y ha dejado pasar todo. Asi es todo.

Devolver la dignidad de las instituciones y la confianza de un pueblo muy desencantado será la principal tarea no solo de Pedro Sánchez sino de todas las fuerzas del cambio.