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Reto de municipios y ciudadanos

La revolución del reciclaje

FRANCINA CORTÉS

La revolución del reciclaje

Eloi Badia Casas

El cambio de modelos de recogida y de gestión de residuos debe ser una prioridad política

No sería extraño pensar que en el año 2025 los habitantes del área metropolitana de Barcelona dispondremos de una tarjeta que nos permitirá saber cuántas veces hemos utilizado el contenedor de recogida de residuos orgánicos, cuántas veces hemos utilizado el contenedor del resto, de modo que los ciudadanos que lo hagan mejor pagarán menos. También es probable que los vasos de plástico de un solo uso hayan desaparecido y que las botellas de bebidas se deberán devolver a las tiendas donde las hemos comprado. Estos son algunos de los cambios que probablemente viviremos en la revolución en la gestión de residuos que debe comenzar a llegar en los próximos años.

La cuenta atrás ya ha comenzado. El área metropolitana de Barcelona prácticamente deberá duplicar los niveles de recogida selectiva de ahora hasta 2025 si quiere cumplir los objetivos de reciclaje establecidos por la Unión Europea. La primera estación es el año 2020 donde se debería reciclar el 55% de los residuos de acuerdo con el programa de residuos y recursos de la Generalitat.

El modelo de la economía circular

El modelo económico que quiere impulsar la Unión Europea es la llamada economía circular. Una de las claves de este modelo es asumir que la mejor fuente para obtener recursos para la economía es dejar de considerar los residuos como un problema para considerarlos como una fuente de materiales para una economía cada vez más eficiente. Reutilizar, reparar, actualizar los productos antes de reciclarlos y, en paralelo, reducir cada vez más el vertido o la incineración de residuos porque suponen perder los recursos que se han invertido en producir los productos que consumimos. Cada 5.000 toneladas de residuos que se incineran producen un puesto de trabajo mientras que producirían un total de 10 si los reciclásemos.

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Esta visión implica que las ciudades deben dejar de ser simples consumidores de recursos para considerarlas suministradoras de materias primas para una industria cada vez más eficiente. El gran problema, sin embargo, es que actualmente poco más del 30% de los residuos producidos en el área metropolitana se reciclan y se pueden volver a introducir en la economía.

Cada 5.000 toneladas de residuos que se incineran producen un puesto de trabajo, mientras que serían 10 si los reciclásemos

Afortunadamente ya no hay que mirar al norte de Europa para encontrar ejemplos exitosos de cambio de modelo; actualmente, hay seis municipios metropolitanos que ya cumplen los objetivos de reciclaje del 2020: Begues, Castellbisbal, El Papiol, Sant Just Desvern, Tiana y Torrelles de Llobregat. Y una quincena de municipios metropolitanos más están emprendiendo proyectos como recogidas puerta a puerta o el despliegue de contenedores inteligentes -que cuentan con el apoyo económico del programa de subvenciones de la AMB- que les permitirán situarse al mismo nivel.

El papel de las administraciones supralocales

Todavía queda mucho camino por recorrer, especialmente en los municipios grandes y medianos, pero la experiencia nos está mostrando que con cambios en la recogida y voluntad política se pueden alcanzar los objetivos en nuestro entorno. El último ejemplo es Barcelona donde, en solamente tres semanas, Sarrià ha conseguido pasar del 20 al 60% de recogida selectiva a través de la implantación del puerta a puerta. Gavà, Sant Boi de Llobregat o Sant Cugat del Vallès seguirán sus pasos próximamente y harán implantaciones de este tipo de recogida en zonas de sus municipios para situarse al nivel de ciudades europeas punteras como Liubliana, Milán o Bruselas.

Desde la AMB tenemos claro que las administraciones supralocales tienen un papel imprescindible para liderar este cambio, especialmente para generar los consensos para que los residuos no se utilicen como arma política. Ahora es necesario también que los alcaldes metropolitanos sean conscientes de que deben ser parte activa de la revolución que está produciéndose y que deben liderar cambios importantes en la recogida de residuos. El cambio de modelos de recogida de residuos debe ser una prioridad política y hay que asumir que gestionar bien los residuos ya no significa mantener el espacio público limpio sino alcanzar también unos objetivos mínimos de recogida selectiva.

Solo con el liderazgo de los municipios y la participación de una ciudadanía responsable podremos afrontar el reto pero cada vez son más municipios se apuntan a cambiar el modelo y prevemos que en el 2018 se rompa el estancamiento de la recogida selectiva de los últimos años. El primer paso hacia el cumplimiento de los objetivos ya estará hecho pero será necesario que no nos detenemos hasta conseguirlo.