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LA SITUACIÓN TRAS LA INVESTIDURA DE SÁNCHEZ

Una agenda para Barcelona

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Una agenda para Barcelona

Jaume Collboni

La ciudad necesita recuperar su voz propia, son muchos los temas a la espera de acuerdos entre el gobierno municipal y el central

Con la marcha de Mariano Rajoy y la investidura de Pedro Sánchez se abre una nueva etapa para España que no debemos desaprovechar. Se ha desenmascarado la corrupción endémica del PP y tenemos la posibilidad de recuperar el prestigio de nuestras instituciones, ante los ciudadanos y en el exterior. Pero además podemos recuperar una agenda social, mermada durante los últimos seis años y afrontar mediante el diálogo los conflictos que se plantean en Catalunya.

Paralelamente al debate sobre la cuestión catalana es necesario plantear una agenda específica para Barcelona. Una propuesta pensada para la Barcelona metropolitana, que congrega 3,2 millones de ciudadanos, representa el 50% del PIB de Catalunya y es uno de los motores económicos del conjunto de España.

Barcelona necesita recuperar su voz propia. El diálogo entre ambos gobiernos está paralizado desde el año 2011 cuando se convocó la última comisión entre el Estado y el Ayuntamiento y son muchos los temas a la espera de acuerdos entre ambas administraciones. Puede parecer ambicioso pero si queremos pensar la ciudad del futuro debemos empezar por plantear retos en el presente.

En el ámbito cultural es urgente recuperar el convenio de bicapitalidad vigente durante los gobiernos socialistas y que el PP dejó en el cajón del olvido. Nuestras instituciones requieren del compromiso del Estado porque son decisivas en la construcción del mapa cultural español. Tenemos pendiente el proyecto de la Biblioteca provincial y es imprescindible consolidar una capitalidad literaria y editorial de Barcelona que es relevante a escala internacional.  Tampoco debe quedar en el olvido el peso de Barcelona en el ámbito global de las industrias creativas que sobrepasa, a todas luces, el estricto ámbito local. La construcción de un 'puente aéreo' cultural entre Barcelona y Madrid será un excelente aliado para favorecer el dialogo político.

Un pilar indiscutible de la Agenda Barcelona es la mejora de las infraestructuras. El Corredor Mediterráneo, la mejora de la red de cercanías, la reanudación de los trabajos de la Sagrera deben ser prioridades del nuevo Gobierno. A ello hay que añadir la necesidad de garantizar una participación de la ciudad en la gestión del Aeropuerto de El Prat.

Barcelona y el conjunto del área metropolitana necesitan que el Gobierno se comprometa con el sistema de transporte público para garantizar una red eficiente de movilidad que mejore su sostenibilidad y sea asequible para los ciudadanos.

En el ámbito social, el nuevo ejecutivo deberá priorizar el problema de la vivienda y eliminar las burbujas especulativas que afectan al precio del alquiler. El apoyo a las ciudades en los proyectos de reforma urbana y rehabilitación serán claves, toda vez que conviene plantear nuevas iniciativas para elaborar un plan de barrios a escala estatal.

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El Estado tiene una tarea fundamental en el terreno de la promoción económica y la innovación. Barcelona y su región metropolitana concentran el mayor 'hub' científico del país. Barcelona se ha convertido en uno de los polos más atractivos de Europa para las 'start-ups' y los emprendedores; y ello debe formar parte de la agenda del Gobierno. En primer lugar hay que recuperar la confianza perdida después de meses de inestabilidad política y económica, y en segundo lugar hay que ejercer una  tarea facilitadora para ampliar la atracción y la retención de talento, el apoyo a los autónomos y la inversión en I+D que tan mermada quedó tras los años de la crisis.

Barcelona también tiene mucho que decir en el proyecto de evolución federal del Estado y puede liderar como se afronta el debate urbano para que se contemple en un nuevo modelo territorial el peso y competencias de las ciudades.

Las extraordinarias circunstancias que hoy marcan la política española evidencian el error mayúsculo que supuso la expulsión del PSC del acuerdo de izquierdas en Barcelona, como una concesión de Colau a las presiones independentistas.  Esa gesticulación con el independentismo solo ha desembocado en un gobierno aislado, sin interlocutores con las demás administraciones y con escasa capacidad de hacer frente a los retos que se plantean en la ciudad, desde la crisis de los narcopisos en el Raval al escaso éxito del gobierno municipal en políticas de vivienda.

El PSC quiere poner Barcelona por encima de todo, como lo hicieron anteriormente sus alcaldes, y articular una propuesta de ciudad que pueda ser escuchada y atendida en el Estado. Una Agenda Barcelona necesaria para la ciudad, pero también como una solución al conflicto entre Catalunya y España.