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AL CONTRATAQUE

Albert Rivera durante la segunda jornada de la moción.

J J Guillen (EFE)

La factura del "veo españoles"

Jordi Évole

Prepárense para el "Sánchez es independentista" y demás exageraciones que ya vimos cuando Zapatero negociaba con ETA

Los dos últimos presidentes de Gobierno -Rajoy y Sánchez- han llegado al poder a pesar del desprecio de parte de los suyos. A Rajoy miembros del Partido Popular le quisieron hacer la cama tras perder por segunda vez con Zapatero en el 2008. A Sánchez se la hicieron directamente en aquel comité federal que se convirtió en un Gran Hermano donde él tuvo que abandonar la casa.

Además ambos han sido atacados por una parte importante de la prensa tradicional, y a pesar de ello han acabado triunfando. Hasta no hace tanto era impensable que políticos con tantos medios en contra llegasen al poder. El caso de Sánchez -y en parte también el de Rajoy en su arranque- confirma que la prensa ya no ejerce el poder que tuvo. Y por más editoriales que se publiquen contra Sánchez, igual hay presidente para rato.

Se ha comparado esta moción con una partida de ajedrez. Cierto. Aunque también ha tenido algo de carambola de billar: dándole a la bola del PP se ha acabado desplazando la bola de Ciudadanos, que era a la que querían darle muchos de los que han votado a favor de Sánchez. En poco tiempo, Ciudadanos ha asustado en todos los frentes, no solo en la izquierda. El susto llegó a su apogeo con el "veo españoles" de Rivera, una patrimonialización de España, de su bandera y de su himno tan descarada que solo gustó a los muy cafeteros. El "veo españoles" ha facilitado que toda la oposición se haya unido no solo contra el PP, si no también contra Rivera, al que hacía mucho tiempo que no se le veía tan descolocado.

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Curiosamente, quien más se ha resistido a votar 'sí' a la moción -más que el PNV- ha sido Puigdemont y su entorno, pero esta vez el pulso interno de los neocorvergentes lo ganó el PDCat y no Junts per Catalunya. Si el expresidente de la Generalitat hubiese tenido más fuerza en el grupo parlamentario de Madrid, los nacionalistas catalanes se podrían haber abstenido. La foto hubiese sido curiosa: el puigdemontismo y Ciudadanos unidos para que Rajoy siga. Tampoco nos tenemos que extrañar: para ambos Rajoy era el mejor aliado para conseguir sus opuestos propósitos.

Ahora vamos a asistir a algo parecido a lo que supuso la llegada de Zapatero al poder tras el mandato del Aznar más duro. Se van a aliviar tensiones con gestos, con detalles. El primer guiño, a la izquierda: por primera vez se toma posesión del cargo sin biblias ni crucifijos. Habrá más: no tardaremos en ver la foto de Sánchez con Torra, que provocará reacciones airadas de la derecha. Prepárense para el "Sánchez es independentista" y demás exageraciones que ya vimos cuando Zapatero negociaba con ETA o aprobaba el matrimonio homosexual.

Pero la gran diferencia de este nuevo ciclo político es que el PP no tenía nada que perder en Catalunya. Y Sánchez es muy consciente que sin Catalunya él nunca podrá ganar unas elecciones en España. El nuevo presidente no lo tiene fácil, pero igual tampoco lo tiene tan difícil como algunos vaticinan.  

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