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ANÁLISIS

GRAF1610. MADRID, 02/06/2018.- GRAF1592. MADRID, 02/06/2018.- El nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), saluda al rey Felipe tras el acto de toma de posesión de su cargo que ha tenido lugar hoy en el Palacio de la Zarzuela en el que la novedad ha sido que por primera vez en democracia, lo ha hecho ante la Constitución, pero sin presencia de la Biblia y del crucifijo. EFE/Emilio Naranjo ***POOL***

Emilio Naranjo (EFE)

Con patatas

Carmen Juan

Sánchez no podrá hacer grandes reformas, solo dar capas de barniz y pintura para renovar el ambiente y esperar elecciones

Pedro Sánchez podría haber llegado a la Moncloa hace dos años y nos hubiéramos ahorrado muchas cosas, pero como soy de natural optimista pienso que no ha sido tiempo perdido, sino invertido en un viaje para el que sí eran necesarias alforjas. Hace solo un año que Sánchez recuperó, gracias a la militancia, la secretaria general del PSOE de la que había sido chuscamente expulsado. Sánchez, ese que "no sirve, pero nos sirve" había incomodado a la vieja guardia socialista por su acercamiento a un sobrexcitado Podemos y a los independentistas que estaban cogiendo carrerilla. Las líneas rojas que le impusieron para su no investidura nos llevaron de nuevo a Rajoy. Dos años después, Sánchez llega a la Moncloa tras una instructiva travesía por el desierto, sin peajes de su partido y con el apoyo de una oposición que le ha dado 180 votos, ansiosa por quitarse de encima a Rajoy, que logró 10 votos menos en su investidura. El PP ha sido el último en enterarse de lo que estaba pasando y han reaccionado con rabia, deslegitimando desde el primer momento la presidencia de Sánchez, como si fuera un ladrón que les ha entrado a robar en casa. La derecha siempre ha tenido un concepto muy patrimonial del poder, por eso el PP quiere lanzarse a la reconquista sin tener en cuenta que les ha echado la mayoría parlamentaria. Ciudadanos les secunda exigiendo nuevas elecciones de inmediato, convencidos por las encuestas de que solo ellos pueden ser el relevo legítimo en Moncloa. Van a volver al Congreso los tiempos más broncos.

La debilidad del nuevo Gobierno, sostenido por 84 diputados, hace imprescindible hacer política y tejer complicidades parlamentarias, máxime cuando la Mesa del Congreso sigue controlada por el PP y Cs y los populares son mayoría en el Senado. Hasta ahora, ese control férreo del Parlamento por parte del Gobierno de Rajoy ha dejado paralizadas, en la cuneta o mediopensionistas más de 60 iniciativas legislativas de la oposición. Gobernar en España va a ser como hacer encaje de bolillos en el tren de la bruja, con Catalunya para darnos el susto, pero, como dice el presidente del Cercle de Economía, "No seamos alarmistas antes de hora". Solo sabemos que el nuevo Gobierno será "socialista, paritario y europeísta". También provisional, aunque pueda durar hasta el final de la legislatura. No podrá hacer grandes reformas, solo dar capas de barniz y pintura para renovar el ambiente y esperar unas elecciones para las que nadie, excepto Cs, tiene excesiva prisa.

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Sánchez se ha dado tiempo al comprometerse a mantener los presupuestos, que como dice Rajoy "se los tendrá que comer con patatas". En estas circunstancias, apuesto a que las patatas van a ser la guarnición habitual en los platos que se sirvan en el Congreso esta temporada. Sánchez no lo tendrá fácil, pero hasta ahora ha logrado inscribir varias hazañas en su currículum. Incluso ha prometido el cargo sin crucifijo y es el primer presidente español que habla inglés. Por el bien de todos yo, como Rajoy, también le deseo suerte y que no le hagan puré.