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LA CLAVE

Apuestas sobre la derecha española

Luis Mauri

¿Estará a la altura del momento la derecha española? ¿Verá llegado el día de modernizar su idea monolítica de España? ¿Querrá trocar su pulsión pirómana por sentido de Estado?

Una brisa liviana aligera estos días la atmósfera sofocante y pegajosa en el laberinto catalán. La defenestración del PP y el regreso de la izquierda al Gobierno pueden sentar las bases para desalambrar el conflicto y deponer a  los ultranacionalistas de sus pedestales a ambos lados de la trinchera. Esta ecuación facilitaría la tarea de devolver la tensión Catalunya-España al redil de la política, es decir, de la negociación dentro del marco legal democrático.

Los más optimistas dan por terminada la era del frentismo. Parece un juicio aventurado. Quizás el tiempo les dé la razón, pero hoy remite más a la expresión de un deseo que a un diagnóstico frío. La cuestión fundamental es si los actores del nuevo ciclo político tienen la voluntad, la responsabilidad y la capacidad de trazar un punto de intersección entre sus respectivas líneas de interés.

Han pasado muchas cosas desde el 2010: el Tribunal Constitucional mutiló el Estatut a instancias del PP; la derecha nacionalista catalana se envolvió en la bandera independentista al ver arreciar la indignación popular por la crisis y sus escándalos de corrupción; el voto independentista ha ascendido del 10% al 47%; los secesionistas rompieron la Constitución y el Estatut; el Estado respondió con violencia policial gratuita desmesura judicial

Una generación marcada

Han pasado muchas cosas y muy graves. La peor de ellas, la fractura social, que difícilmente cicatrizará antes del paso de una generación. Pese a despreciar la ley de la gravedad, o precisamente por eso, la nave independentista ha volado muy alto. Tan alto que no le resultará fácil tomar tierra sin turbar a muchos pasajeros. De existir voluntad sincera de aterrizar, el descenso deberá ser gradual, en amplios círculos. Y en tierra, el Gobierno deberá contribuir despejando la pista de baches y obstáculos, misión a la que la fragilidad parlamentaria de Sánchez no ayudará.

Y aquí llega la pregunta del millón. ¿Estará a la altura del momento la derecha española? ¿Verá llegado el día de modernizar su idea monolítica de España? ¿Querrá trocar su pulsión pirómana por sentido de Estado? Vayan haciendo apuestas.

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