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ANÁLISIS

La moción ilusiona, reconstituye; también puede ser una experiencia demoledora si no se mantiene la cordura y la responsabilidad

A estas horas, Mariano Rajoy sigue siendo español, él mismo nos lo había anunciado. Pero, ya no es presidente; ni se lo imaginaba. Quizá tampoco Pedro Sánchez cuando ideó un movimiento de ficha inevitable pero lleno de riesgos. Sus enemigos, muchos, ya habían encontrado una manera eficaz y con escarnio de quitárselo de en medio.

Pedro Sánchez es ya presidente; sin embargo, no se ha ganado el privilegio de aparecer en las fotos de Casa Lucio, de momento; nace estigmatizado. La derecha exclusiva, incluida la socialista, no acepta y define como Frankenstein, la diversidad del Parlamento, sin embargo, fiel reflejo de la diversidad de la propia sociedad. Ello, a pesar de haber aceptado el frankenstein presupuestario. Ha estado listo, no solo sedujo a los, de momento, solo nacionalistas vascos, sino que ha desactivado la espoleta europea, cuyos pirómanos no hubieran dudado en sumarse a la resistencia si no fuera porque habían dado antes su plácet a los presupuestos frankenstein de Rajoy.

Rajoy, su Gobierno, se han ido, no por una conspiración, sino porque la corrupción acaba con cualquier gobierno o, desbocada, acaba con la mismísima democracia. Sánchez es presidente porque la democracia funciona, tiene toda la legitimidad que  le conceden los mecanismos constitucionales que los que se dicen constitucionalistas han demostrado  desconocer y no  aceptar,  incluso  llamando a la moción constitucional golpe de estado. La Constitución se puede interpretar, es ancha, pero no hay interpretación falangista de la Carta Magna.

La corrupción se había constituido en el mayor de los ríos peninsulares,  ciertamente con muchos afluentes. Nadie, por los motivos que fuere, podría quedarse al margen de la reconstitución de los principios democráticos de la nación o de las naciones  de España. 

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La moción ilusiona, reconstituye, sutura. También puede ser una experiencia demoledora si no se mantiene la cordura y la responsabilidad. Sutura, primero a la democracia, luego a la sociedad descosida tras años de Gobierno popular. También tendrá que suturar las costuras rotas de la convivencia territorial, objetivo imprescindible para que una nueva idea de España pueda aceptarse por todas las partes.

Sutura a la izquierda, empezando por el propio PSOE. La marginalidad de sus senectudes quizá sea imprescindible para que se produzca. Y cose entre sí a las derechas. Habrá lucha encarnizada, pero desde un punto de vista simbólico, la foto de las derechas de España apoyando a Rajoy está revelada y no será fácil para Ciudadanos explicar ahora que es  regenerador y enemigo de la corrupción.

Pedro Sánchez 'Marlow', un día calificado de 'Ruiz', ha remontado su río, ahora se lo reconocen  hasta los que esperaban su fracaso para condenarlo a las viñetas más sarcásticas del humor capitalino. Pero también, el río de la corrupción, el Congo, el Mekong, hasta encontrar en un restaurante río arriba a Mariano Kurtz, el no decente de aquel debate ya  olvidado,  fuera de sí, con complejo de identidad , sin saber si era él o M.Rajoy, en la charca de la arrogancia y la soberbia que ha caracterizado su Gobierno estos años. Sánchez ha acabado con él quizá musitando una única frase, "¡el horror!".

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