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IDEAS

Sandra Oh y Jodie comer, en una imagen promocional de Killing Eve

Kamikaze de las series

Jordi Puntí

En 1985, cuando vine a vivir a Barcelona con 18 años, uno de los principales descubrimientos de mi vida regalada de estudiante fue el cine. Acostumbrado al cineclub ocasional de mi pueblo y a los programas dobles de Hollywood, un lunes entré al cine Casablanca, vi Sangre fácil -primera película de los hermanos Coen- y me estalló el cerebro en versión original subtitulada. En plena fase curiosa, poco después, adopté el ritual de ir a la Filmoteca, entonces en la Travessera de Gràcia. Estudiábamos el programa semanal, elegíamos los clásicos, y la avidez de verlo todo parecía insaciable, aunque a menudo sin mucho criterio. Durante un tiempo incluso me puse en manos del azar: compraba la entrada sin saber nada del filme, ni siquiera el título, y me sentaba en la sala oscura expectante. Gracias a este método kamikaze, recuerdo, me topé con ejercicios difíciles de digerir, como Los demonios de Ken Russell, pero también con sorpresas como un ciclo dedicado a Brian de Palma.

Los espectadores de hoy en día nos prestamos a menudo al juego de ver una teleserie sin saber nada antes. Es lo que Sergi Pàmies llama "un melón por abrir"

Aunque no es exactamente lo mismo, los espectadores de hoy en día nos prestamos a menudo al juego de ver una teleserie sin saber nada antes. Es lo que Sergi Pàmies llama "un melón por abrir". Hasta hace poco todo el mundo miraba los mismos títulos, esos que el boca-oreja ponía de moda, pero cada vez más la oferta múltiple de canales como HBO, Netflix o Movistar nos está convirtiendo en catacaldos de primeros episodios, "a ver qué tal".

Entre tantas propuestas, no es fácil encontrar historias que te empujen a seguir viendo el segundo episodio, y luego el tercero, pero cuando ocurre la sensación es fantástica. Es el caso, recientemente, de dos series de HBO que empecé a ver porque sí, y me encantaron hasta el final. A riesgo de romper el misterio, diré que se trata de Barry, con Bill Hader, un actor que venía de Saturday Night Live (bueno, esto ya era una garantía) y Killing Eve, producción británica que enfrenta a dos grandes actrices, Sandra Oh y Jodie Comer. En ambos casos, además, encontramos una rara combinación: el humor mezclado con el asesinato y la investigación criminal. Todo muy bien resuelto. Y además enganchan. Y ya me callo.

Temas: Series

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