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crisis política

La invención italiana del melodrama

Rosa Massagué

Luigi di Maio, el líder (M5S), que en las pasadas elecciones de marzo fue el partido más votado, se ha dejado arrebatar la autoridad y la iniciativa por un político de escasos escrúpulos como es el ultraderechista Matteo Salvini

Italia es la patria del melodrama, la forma operística surgida allí a finales del siglo XVIII. Hay quien dice que a falta de un Goethe o de un Thomas Mann en la construcción de una literatura nacional, su lugar lo ocupan Bellini, Donizzetti o Verdi. La obra teatral dramática, con o sin música, sigue viva. Ha llegado hasta nuestros días y ha saltado de los escenarios a las bambalinas de la política. Lo ha hecho, lamentablemente para los italianos y para el resto de europeos, de la mano de unos pésimos actores, pésimos por advenedizos. Luigi di Maio, el líder del Movimiento 5 Estrellas (M5S) que en las pasadas elecciones de marzo fue el partido más votado, se ha dejado arrebatar la autoridad y la iniciativa que le daba el 33,22% de los votos por un político de escasos escrúpulos como es Matteo Salvini, líder de La Liga, que obtuvo el 17,61%.

La falta de densidad política de Di Maio le llevó a pedir el ‘impeachment’ del presidente de la República, Sergio Mattarella, cuando este no aceptó imposiciones de Salvini por considerar que perjudicarían a Italia (la de un ministro de Economía, Paolo Savona, contrario al euro y autor de un llamado ‘plan b’ para la salida de la moneda única), pese a haber propuesto alternativas aceptables dada la emergencia de la situación. El ‘impeachment’ no podía tener recorrido porque el presidente había actuado en total respeto de las prerrogativas que le otorga la Constitución. Di Maio tuvo que tragarse la metedura de pata y hacer el miércoles una peregrinación expiatoria al ‘colle’, a la colina donde está el palacio presidencial del Quirinal.

Figura que emerge

En este melodrama la figura que emerge por encima de todas los demás es precisamente la del presidente. No es la primera vez que una Italia tantas veces al borde de la tragedia ha tenido jefes de Estado que han sido faro y punto de referencia de una Italia decente y respetuosa de la ley. Sandro Pertini (1978-1985), con un largo historial de luchador antifascista, devolvió a los italianos la fe en sí mismos y en las instituciones tras los años de plomo que dejaron un país desorientado.

Oscar Luigi Scalfaro (1992-1999) frenó los primeros impulsos caudillistas de Silvio BerlusconiCarlo Azeglio Ciampi (1999-2006) gozó de una gran estima dentro y fuera de Italia, pero el mundo estaba cambiando, la crisis económica se avecinaba y aparecían las primeras señales de la deriva populista. Le tocó a Giorgio Napolitano (2006-2015) lidiar con estos cambios manifestados en convulsiones políticas en Italia. Esta presidencia fue muy difícil, pero la sabiduría política del jefe del Estado evitó muchos descarrilamientos. Más difícil todavía lo tiene Mattarella. Pase lo que pase, no podrá evitar que se forme un Gobierno populista y xenófobo ahora o con unas nuevas elecciones.

En este melodrama que se desarrolla antes nuestros ojos, a las figuras del padre sabio y juicioso, del bisoño y del astuto, hay que añadir la del hijo que heredó lo que había sido un gran partido y, tras pasarse de listo, ha dilapidado el legado enviándolo a la casi irrelevancia, y la del ‘muerto’ que resulta que no está tan muerto y está pensando qué papel quiere en la obra. 

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