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LA VERDAD DETRÁS DE UN ICONO

Indiana Jones... ¿mito o realidad?

Jordi Serrallonga

La arqueología, una aventura de cacharrólogos, expoliadores y científicos

En breve salgo de expedición hacia la cuna de la humanidad: África. Y lo haré tocado con un fedora: el quinto sombrero de fieltro -marcado por polvo y sudor- desde que empecé mi alocada andadura como arqueólogo, naturalista y explorador. Vendrán muchos más sombreros, pues el estudio de nuestra historia natural es infinito, y aunque jamás los haya extraviado -tras seguir bandas de leones y masáis, o caer por barrancos sin paracaídas-, sé muy bien que jamás alcanzarán el glamour del mítico e indestructible fedora de Indiana Jones. Ni los sombreros... ni yo, claro está.

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Dr. Jones es uno de los arqueólogos más conocidos en el ámbito de la ficción. Lo descubrí en el desaparecido cine Urgell de Barcelona cuando se estrenó 'En Busca del Arca Perdida'. Tenía 12 años y quedé prendado, para siempre, del personaje al que jamás he dudado en defender. Y es que en la Academia, cara a la galería, se suele adoptar un tono políticamente correcto. Por ejemplo, al preguntar a un arqueólogo si su profesión tiene puntos de nexo con el Dr. Jones, es habitual responder con un eximente vade retro: "Indiana Jones es un aventurero expoliador de objetos, mientras que la arqueología es una ciencia seria". Totalmente de acuerdo. Pero, ¿por qué ese miedo a ver dañada nuestra credibilidad tan solo por hacer el guiño a uno de los iconos más rentables para la arqueología? Hasta Indiana Jones, el arqueólogo, o arqueóloga, era un aburrido espécimen con salacot y gafas, rodeado de pedruscos y cerámicas. Ahora, ¿quién no querría parecerse al aventurero? Y, lo más importante, por qué relegar, en forma de mito, lo que fue una realidad. En la historia de la arqueología existieron muchos individuos al más estilo Indy.

Antes de que nacieran las ciencias del pasado, anticuarios y coleccionistas -sobre todo a partir de la Ilustración- expoliaron yacimientos y recolectaron miles de objetos sin método alguno. Eran entusiastas 'cacharrólogos' que exhibían estas colecciones en museos y gabinetes de curiosidades según la belleza, rareza y valor de la pieza. Y, aunque todo empezó a cambiar con la arqueología y la paleontología modernas, salvo excepciones (tenemos el caso de Howard Carter y la tumba de Tutankamón), podemos afirmar que la figura del buscador de tesoros continuó en acción hasta bien entrado el siglo XX: los auténticos Indiana Jones.

La figura del buscador de tesoros continuó en acción hasta bien entrado el siglo XX

Lucas y Spielberg, para recrear y vestir al Dr. Jones, tomaron buena nota de las aventuras de Hiram Bingham y Roy Chapman Andrews. El primero, un profesor de historia en Yale que, ataviado con su sombrero fedora, marchó a Perú. En 1911 redescubrió, para Occidente, las ruinas de Machu Picchu. El segundo, armado siempre con su revólver en el cinto -no fueron pocas las escaramuzas a tiros-, partió en busca de los orígenes del ser humano bajo los auspicios del Museo Americano de Historia Natural. Lideró una serie de expediciones por Asia que, en la década de los 20, le llevaron a excavar dinosaurios en Mongolia. Fue el primero en encontrar huevos de estos grandes reptiles. En ambos casos, los objetos hallados fueron arrancados de sus países de origen para acrecentar las colecciones de instituciones norteamericanas. Un descontrolado expolio con el que, renombrados 'arqueólogos/buscadores de tesoros', como Giovanni Belzoni en Egipto, también habían alimentado los más prestigiosos museos europeos.

La ciencia del objeto existió. Indiana Jones es casi real; incluso algunos de sus enemigos en el celuloide beben de hechos históricos. En la Alemania de Adolf Hitler, y bajo el paraguas de las SS, se fundó la Ahnenerbe; un grupo de antropólogos y arqueólogos que fletó expediciones en pos de la pretendida raza aria, pero que también fue tras la pista de deseados iconos religiosos. La búsqueda del Arca de la Alianza y el Santo Grial estaban dentro de los planes; en este sentido, persiguiendo la entelequia del bíblico cáliz, Himmler visitó -sin éxito- la abadia de Montserrat el año 1940.

La arqueología actual es una disciplina que investiga tanto sobre el terreno como en el laboratorio. Desde una escultura de mármol hasta una espina de pescado, o un grano fósil de polen, cualquier hallazgo es clave en la paciente misión de reconstruir el pasado. Harrison Ford, en cambio, interpreta a un arqueólogo buscador de tesoros; capaz de pisotear y quemar un templo solo para conseguir un valioso botín. Fue una etapa real de la arqueología que, salvo en el cine, no debería repetirse. Por desgracia, la ciencia sigue con pocos medios y el expolio continua.

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