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Al contrataque

Pedro Sánchez durante la reunión de su grupo parlamentario.

JOSE LUIS ROCA

El universo Sánchez

Cristina Pardo

Ojalá las ideas que dice tener Pedro Sánchez para gestionar el país sean mejores que todo lo que le hemos visto hasta ahora

Rajoy desapareció el pasado viernes, después de que el PSOE registrara la moción de censura. Compareció en la Moncloa, puso a caldo a Pedro Sánchez por su interminable ambición y anuló su agenda, incluido su viaje a la final de la Champions. Lo más probable es que el presidente del Gobierno se encuentre estos días preparando el debate de la moción, porque nada está claro de antemano y le puede tocar sufrir hasta el final. Sin embargo, esta desaparición del mapa no es un fenómeno extraño ni exclusivo de los momentos de incertidumbre extrema. Es algo muy suyo. Se calla y se va, mientras los demás partidos se arañan, se contradicen, se equivocan y se cuecen en su propia salsa. 

Desde que se puso encima de la mesa la idea de la moción de censura, hemos visto que la estrategia de Sánchez (lo de estrategia es un decir) es muy desconcertante. Registró la moción el viernes a primera hora, antes de la reunión de la Ejecutiva y después de hablar con los cuatro gatos que aún le apoyan con entusiasmo dentro del PSOE. Ni siquiera levantó el teléfono para ver por dónde respiraba el resto de formaciones políticas; lo que, en mi opinión, evidencia que su iniciativa parlamentaria encerraba más un acto de promoción personal que un plan verdaderamente útil para echar a Rajoy.

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Varios días después, cuando ya se ha decidido a llamar, Sánchez asegura que son contactos “de cortesía”. Es decir, que no está tratando de recabar apoyos. Entiendo que, puesto que tampoco les aclara qué piensa hacer si llega al Gobierno, quiere que le apoyen por su cara bonita. Echemos a Rajoy para poner a un señor que no sabemos qué hará con nuestra vida. Un sueño hecho realidad. Sánchez asegura que tiene “una hoja de ruta”. Ya imaginamos que, con tanto tiempo libre después de perder una elección detrás de otra, algo habrá pensado.

Rajoy sigue desaparecido, mientras los independentistas cambian de opinión cada día. El PDECat dijo primero que "sí" a la moción para echar a Rajoy, luego que no le iban a dar gratis el apoyo a otro de los impulsores del 155 y ahora parece que están volviendo a la casilla de salida. Gabriel Rufián retó primero a Sánchez a ir a la cárcel a pedirle el voto a través del cristal al líder de ERC y ahora ya está diciendo que “echar de Moncloa a ladrones y carceleros no es una opción; es una obligación”. Un lío. Mientras, el PP dice que tiene atado al PNV. Así que si la moción no sale adelante, Rajoy continuará sin despeinarse, hasta la siguiente crisis, y Sánchez volverá a la irrelevancia política. Pero si logra cargarse a Rajoy, será una hazaña. Ojalá esas ideas que dice tener Sánchez para gestionar el país sean mejores que todo lo que le hemos visto hasta ahora.

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