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LA CLAVE

Sánchez y la cuadratura del Cercle

Enric Hernàndez

Frente al unilateralismo y el inmovilismo, la alternativa que el lobi empresarial plantea para Catalunya brinda una pista de aterrizaje del conficto que el líder del PSOE debería tantear

Censura, estabilidad y elecciones. Estas son las patas del trípode al que se ha encaramado Pedro Sánchez en su intento de dar la puntilla a Mariano Rajoy tras la sentencia del 'caso Gürtel'.  La primera premisa, el éxito de la moción de censura, no depende tanto del líder del PSOE como de las derechas nacionalistas que por tácticas cortoplacistas o intereses mercantiles dudan si les conviene derrocar ahora al líder del PP. La consecuencia última, la fecha electoral, dependería de la habilidad de Sánchez, si conquista la Moncloa, para consensuar un paquete de reformas que dote de sustancia su pasajero mandato.

La gran incógnita es sobre qué pilares piensa Sánchez sustentar la estabilidad de España con una mayoría a priori tan precaria, un hemiciclo tan fragmentado y en medio de una grave crisis de Estado originada por el pulso independentista en Catalunya. El conflicto catalán y sus reverberaciones en las Cortes, conviene recordarlo, ya abortaron el arranque de la anterior legislatura, y sin los sucesos de octubre y las elecciones del 21-D no se explicarían ni el auge demoscópico de Albert Rivera ni el declive de Rajoy. Una hipotética presidencia de Sánchez, por tanto, se jugaría su ser o no ser en Catalunya.

Abrir el diálogo

A cambio de su apoyo a la moción de censura, ERC y el PDECat no pueden aspirar a arrancarle a Sánchez concesión alguna que ponga en riesgo el orden constitucional. Pero, de consumarse el relevo, sí estarían en condiciones de abrir un cauce de diálogo que con Rajoy (o con Rivera) al frente del Gobierno se antoja intransitable. Formar Govern, levantar el 155, restituir plenamente el autogobierno, analizar la situación de los políticos en prisión preventiva... Incentivos no faltan.

Frente el inmovilismo y el unilateralismo, el Cercle d'Economia ha lanzado una propuesta tan sensata como audaz: el "reconocimiento nacional" de Catalunya  mediante un Estatut con rango constitucional que blinde los recursos de la Generalitat y se someta a referéndum solo entre los catalanes. Un idea acaso ilusoria, casi la cuadratura del círculo, pero una pista de aterrizaje para el conflicto que Sánchez, de alcanzar su meta, debería tantear.

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