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EL MULTICULTURALISMO

Imagen nocturna de Frankfurt, durante el Luminale, festival de la luz, en el 2014.

Solo para tus oídos

Rosa Ribas

Muchos turistas que llegan a Fráncfort piensan que aquí solo se habla alemán; nada más lejos de la realidad

Llevo casi la mitad de mi vida en Alemania, es decir siendo extranjera. Es una situación que, a pesar de que a veces es fatigosa, en algunas ocasiones (por suerte en mi caso, pocas) ha sido desagradable, considero muy enriquecedora. Vivir en el extranjero te hace a la fuerza ser más observadora y cuando llevas tanto tiempo fuera, lo eres tanto en el lugar donde habitas como en el lugar del que procedes.

Vivo en Fráncfort,  una ciudad multicultural, en la que un tercio de los habitantes somos extranjeros. No es una ciudad muy grande; se dice de ella que es la metrópolis más pequeña del mundo porque aquí conviven personas de 170 nacionalidades. También llegan bastantes turistas. No tantos como a Berlín, Heidelberg o Múnich, pero, sobre todo en el centro, se puede observar a muchos visitantes y también oírlos.

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Muchos turistas que llegan a Fráncfort creen encontrarse en un entorno lingüísticamente uniforme. Están en Alemania y piensan que aquí solo se habla alemán. Nada más lejos de la realidad. En Fráncfort se hablan y se entienden muchas lenguas. No solo hay muchísimos hispanohablantes, hay también muchos alemanes que hablan español. Y todos vamos con las orejas puestas y captamos frases pronunciadas en la creencia de que solo la persona a la que van destinadas las puede entender; así que en cualquier terraza se nos informa exhaustivamente de dramas, intimidades, opiniones, insultos, engaños, historias muy personales contadas en voz bien alta, convencidos de que nadie se está enterando.  

Tampoco el catalán es una lengua 'segura'. Hace un par de semanas, estaba en las escaleras mecánicas de unos grandes almacenes cuando delante de mí una chica le gritó a su acompañante señalando a la mujer que estaba de pie a dos escalones de distancia: "Osti, tu, mira quin cul aquesta tia!". La mujer a la que se referían en este caso no los entendía, pero podría haberlo hecho y... a saber. No soy la única catalanohablante en Alemania.

Así que, citando al sargento Esterhaus de 'Canción triste de Hill Street': Sean discretos ahí fuera.

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