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Al contrataque

Madre e hijo en un atardecer

Maternidad sin cuerpo

Najat El Hachmi

El mensaje que nos transmiten las famosas, que muestran un vientre plano y estirado tras dar a luz, es que es posible una maternidad sin estragos en la anatomía, ni siquiera durante los días posteriores al parto

En los programas que hablan de sus vidas y en las revistas rosas, las famosas salen de las clínicas privadas donde han dado a luz con toda la felicidad del mundo en la cara y un vientre nuevo, plano y estirado como si por allí no hubiera pasado nunca una criatura acompañada de los accesorios necesarios para su crecimiento: el líquido amniótico, la placenta, un útero dilatado, un cuerpo que ha mecido durante nueve meses el proceso complejo y a menudo pesado llamado gestación. Es este un proceso biológico imprescindible para la perpetuación de la especie, el único disponible hasta el momento, a la espera de que los descubrimientos científicos consigan reproducir la magnífica maquinaria que es el embarazo.

Mientras tanto el claro mensaje que nos transmiten las famosas es que es posible una maternidad casi sin cuerpo, sin estragos en la anatomía, ni siquiera durante los días posteriores al parto. Se consigue así que el mito de la virginidad se traslade, no al sexo, compulsivamente consumido en nuestra cultura posmoderna, exhibido de forma tan reiterada que ya no escandaliza ni a los más puritanos, sino al embarazo. Sí, tenemos embarazos virginales y no nos extraña. Ahora a la inmaculada no le está prohibido el sexo ni tiene que esperar a ser fecundada por un etéreo espíritu santo, ahora lo que no se puede notar es la metamorfosis de un cuerpo adolescente, de líneas rectas, pechos erguidos, piel lisa por la que pueda posarse el ojo del fotógrafo o el espejo narcisista del móvil.

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Ante los cuerpos inmutables de las inmortales que nos proponen como modelos a seguir, todo son frases de admiración: “¡Hace dos días que dio a luz y está así de estupenda!” ,“en pocas semanas ya ha vuelto al trabajo”, “compagina con alegría su nueva faceta de madre con su carrera profesional”... No, no hay noches de insomnio en el universo de estas mujeres que son un chollo porque pueden con todo y no se quejan nunca. Encima maduran y son capaces de contar frente a la cámara que ahora su prioridad es su nueva criatura.

Hubo una generación de feministas que creyó que para conquistar sus derechos tenían que renunciar a la crianza y dejaron a sus retoños recién nacidos en casa para salir a protestar en las calles y asaltar los puestos de trabajo que les habían negado hasta entonces. Eso sí, dejaron a los pequeños con sus propias madres o con cuidadoras mal pagadas que siguieron haciendo el trabajo más antiguo del mundo, que no es el de prostituta sino el de cuidar a los niños. En esa primera etapa de lucha pareció que el biberón era una solución contra la desigualdad impuesta por la biología que era la lactancia. Hasta que los expertos en medicina nos avisaron de que no hay mejor leche para los cachorros humanos que la de sus madres y que también para ellas resultaba beneficioso dar el pecho. Pero desde el feminismo aún hay quien ve en este hecho natural, para muchas mujeres incluso placentero, un mecanismo de sometimiento. Quisieran, como en el caso de las famosas, una maternidad sin cuerpo.     

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