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IDEAS

El rapero mallorquín Valtònyc.

Valtònyc en el Olympia

Jordi Puntí

La solidaridad de los artistas puede ser clave para presionar a las instancias judiciales y hacer más relevante la defensa de una forma de libertad de expresión, el rap

Leo que el rapero Valtònyc ha huido de la justicia española, en dirección al norte, donde dicen que la gente es limpia y noble, culta, rica, libre y etcétera, y al momento su imagen de joven de 24 años vira hacia el blanco y negro. Como si hubiéramos retrocedido medio siglo, me vienen a la cabeza las portadas de los discos de Raimon en el Olympia de París, en 1966, y de Paco Ibáñez en 1969, y de Lluís Llach en 1973: de cuando los músicos tenían que ir a el extranjero para que su voz se escuchara en toda Europa, y cantaban 'Diguem no', o 'La mala reputación', o 'L’estaca'... Eran canciones de denuncia, de protesta, que vuelven a estar en boga porque parece que no hayan pasado los años, y la libertad de expresión en España está amenazada con tanta saña que incluso la idea de democracia se pone en duda. Lo remarcaba hace unos días el 'New York Times': dos estudiosos escribían sobre la deriva autoritaria en Europa y decían: “Italia, Polonia, Hungría e incluso España: la democracia europea está en ruinas”.

La solidaridad de los artistas puede ser clave para presionar a las instancias judiciales y hacer más relevante la defensa de una forma de libertad de expresión, el rap

No creo que Valtònyc llegue a tocar en el Olympia, pero con esta fuga a Bélgica, que pondrá de nuevo a prueba la flexibilidad del sistema judicial europeo, deberá confiar en la escena musical belga. Resulta, además, que el hip-hop de Bélgica -recitado sobre todo en francés y en inglés- vive actualmente una edad de oro, con raperos que también critican a su gobierno (y no pasa nada) y un sentido cultural más amplio. Hace dos meses, por ejemplo, se celebró el festival La belle Hip-Hop, dedicado a reivindicar el papel de las mujeres raperas. Además, entre los músicos más destacados hay una conexión española evidente, desde De Puta Madre, que introdujeron el gangsta rap en los años 90, hasta Caballero & Jean Jass, Romeo Elvis o incluso Darrell Cole, el más conocido, que vive entre Amberes y Barcelona.

En un género donde dominan las colaboraciones entre artistas, la solidaridad de todos ellos con Valtònyc puede ser clave para presionar a las instancias judiciales y hacer más relevante la defensa de una forma de expresión, el rap, que como recordó el propio Valtònyc ante los jueces, se basa en un lenguaje que es “extremo, provocador, alegórico y simbólico”. 

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