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Al contrataque

Convocatoria de plantada de cruces amarillas en Mataró.

Cruces amarillas

Antonio Franco

Cada vez veo más gente desorientada, desconozco si lo que nos pasa puede denominarse ya guerra fría civil

Querido psiquiatra. No puedo estar en contra del color amarillo. Discrepo de la justicia más testicular que racional del juez  Llarena y considero abusivas las prisiones preventivas largas de personas que no sean peligrosas en el sentido más físico de la palabra.

Querido psiquiatra. Incluso me pondría un lazo de ese color si no fuese porque diversas distorsiones interesadas les dan más significados que el de la simple y firme protesta contra esa injusticia.

Ya puestos en el diván de la consulta, quiero confesarle, doctor, que me gustan menos las cruces, las de todos los colores, cuando me las encuentro en espacios que o no son privados o son públicos pero destinados estrictamente a la franja de la población que desea verlas. En particular, me desagradan las que colocan en las playas para indicar que la democracia ha muerto. Creo que una cosa es que nuestra democracia sea floja, poco consistente, y que urja regenerarla, y otra distinta es ensalzar la idea de que ya esté liquidada. Sobre la cuestión del espacio público pienso que es de todos, incluidos aquellos a los que no les gustan esas cruces y tienen derecho a considerar que la playa es un lugar para otras cosas. Por otra parte, me sabría mal que un contrataque consistiese en que otros ejerciesen su idéntica libertad de expresión colocando en las playas cruces de otros colores y con otros significados, desnaturalizándolas aún más. Es una cuestión delicada. Yo no las pondría, pero tampoco las prohibiría. Y en la medida en que suponen un conflicto, pediría que se regulase el tema, aunque odio pensar que entremos en espirales con cada vez más regulaciones en vez de aplicar el sentido común para determinar cómo se puede convivir sin apropiarse del espacio que es de todos, como son las playas, las plazas, las aceras o las carreteras.

Querido psiquiatra, ¿es una contradicción preocupante eso de no estar en contra del color amarillo y de lo que significa, y al mismo tiempo desear dejar de verlo por entender que algunos lo utilizan contra los otros?

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Querido psiquiatra, creo que cada vez veo más gente desorientada. Gente que no entiende que algunos hagan hincapié en que quienes quitan las cruces van encapuchados (y se refieren a ellos con el tono con el que se habla de los malvados), mientras ellos mismos consideraban lógico --y no lo destacaban-- que se encapuchasen preventivamente muchos de los que cortaban autopistas. También desorienta que algunos de los que predicaban la legitimidad moral de la desobediencia a las leyes ahora se enfaden porque, desde su punto de vista, Rajoy no las cumple, ni en los 40 ladrones ni en lo de Catalunya.

No sé hacia adónde vamos. Desconozco si lo que nos pasa puede denominarse ya guerra fría civil.