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Análisis

ODS: el próximo acrónimo

Ester Oliveras

A nivel geográfico Europa lidera el camino de los objetivos de desarrollo sostenible

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados hace tres años en las Naciones Unidas fueron suscritos por 193 países y constituyen un visión, más o menos consensuada, de cómo debería ser el mundo en el año 2030. Es la primera vez en la historia que existe una agenda política universal de carácter integral.

Si, ahora mismo, la propia supervivencia de la vida humana está en riesgo, la aplicación de la denominada Agenda 2030 ambiciona a ser el cambio de rumbo para garantizar la sostenibilidad del planeta a generaciones futuras. Por primera vez, se ha marcado una agenda de máximos y no de mínimos.

Los 17 ODS se desgranan en 169 metas y, además, se describe cómo debe realizarse el proceso de implementación así como los mecanismos de seguimiento para aquellos países que decidan avanzar en ellos. Por poner un ejemplo, el primer ODS es el fin de la pobreza y la primera meta especificada es acabar con la pobreza extrema, definida como el sobrevivir con menos de 1,25 dólares diarios.

Algunas voces son críticas sobre el proceso de implantación de la agenda. España, por ejemplo, despertó a los ODS en 2017, dos años después de su aprobación, con la creación del grupo de trabajo GAN (Grupo de Alto Nivel) con el objetivo de presentarse a una primera evaluación de carácter voluntario de los ODS que tendrá lugar el próximo verano. En esta primera evaluación, se ha realizado una aproximación a nivel ministerial, dejando de lado ámbitos políticos de carácter territorial y local.

Apuesta política

Aunque los ODS nacieron como una apuesta política, rápidamente se empezaron a  trasladar al mundo empresarial. Cabe apuntar que, desde mucho antes de la aprobación de los ODS, fueron apareciendo diferentes herramientas e iniciativas para que las empresas pudieran medir, evaluar y comunicar su impacto económico, medioambiental, y social, en las memorias de sostenibilidad o de responsabilidad social.

Algunos ejemplos de estas herramientas son la triple cuenta de resultados, el balance social, la matriz del bien común o los estándares del GRI. A pesar de la amplia variedad, no existe un acuerdo sobre la cantidad y calidad de información no financiera que la empresa debe aportar y la comparación entre empresas es muy dificultosa. En este sentido, el gran consenso construido en torno a los ODS ha provocado que las herramientas ya creadas se estén contrastando o modificando para medirse a la luz de los ODS y, a la vez, se están creando nuevas iniciativas exclusivamente basadas en ODS.

La aplicación de los ODS está dando lugar a clasificaciones empresariales que hasta la fecha no eran posibles. Un informe de la Fundación UNGSII analizó las cuentas anuales de las 100 empresas más grandes en cada continente. De totas las empresas analizadas, el 58% menciona el contenido de los ODS y un 24% las referencia de alguna manera. Solamente un 18% está completamente al margen de los mismos. A nivel geográfico Europa lidera el camino, con un 97% de las empresas que los menciona, los EEUU van ligeramente por detrás, y al continente asiático le queda mucho más camino por recorrer.  

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