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IDEAS

Instituciones de locos

Xavier Bru de Sala

Iba a titular 'Instituciones creativas', pero el sentido de la palabra creativo se ha desplazado tanto hacia lo programado y previsible que nos entenderemos mejor si nos aferramos a la palabra loco. Esta no nos la van a robar los gestores culturales que han integrado y domesticado la creatividad. Al contrario, mohín de disgusto: ¿loco, disruptivo? Fuera, fuera de las instituciones. Las instituciones deben ser mediocres, adocenadas, complacientes con el poder político sin que lo acabe de parecer. Los bomberos combaten el fuego; los gestores apuntalan el tinglado contra la imaginación. Los creativos son sus cómplices. Dios les guarde de los locos.

Catalunya es cosa de los Llull; de los Gaudí y Dalí combatidos por los artistas del orden; de los perseguidos como Verdaguer

Pues bien, resulta que Barcelona no destaca en la liga de los funcionarios lacayos que denunciaba Fumaroli. Por falta de inversión pública, sí, pero aún más por ausencia de funcionarios creativos. Para demostrarlo, basta hacer dos listas de instituciones culturales. A un lado, las de los iluminados y al otro la de los encargados por el poder a sus servidores. A un lado, el Liceu, el Palau, el Lliure, la Becket, el asociacionismo, Temporada Alta, Tarraco Viva, etc. Al otro, el Auditori y la OBC, el Macba, el Museu del Disseny... El CCCB nació en un supuesto intersticio porque Josep Ramoneda es inteligente, pero en manos de sus funcionarios-saboteadores está muy lejos de representar o abanderar nada que contenga cambio, fuerza o empuje. ¿Y el TNC? Nunca lamentaremos lo suficiente que las graves discrepancias con casi todos fueran la excusa para arrojar a Josep Maria Flotats al foso donde esperaban los "quatre gats baladrers" para descuartizarlo.

Catalunya es cosa de los Llull; de los Gaudí y Dalí combatidos por los artistas del orden; de los perseguidos como Verdaguer. Joan Maragall, el supuesto 'assenyador' de la 'rauxa', inoculó Nietzsche en el Comte Arnau. Un loco que disimulaba, incomprendido por explosivo.

Después, el Noucentisme.

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