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EL ANÁLISIS

Iniesta rima con fiesta

Jordi Puntí

Los matemáticos saben que todas las historias del infinito son breves. Cualquier intento de describir su naturaleza es una aventura quijotesca, que caerá en el absurdo de ponerle límites a algo que no los tiene por definición, pero siempre vale la pena fracasar en el intento. Por eso me gusta el homenaje que el FC Barcelona le hizo este domingo a Andrés Iniesta en su despedida, con ese 8 que le define, pero vuelto hacia el infinito: es imaginativa y juguetona. Resulta imposible resumir en pocas palabras e imágenes todo lo que este jugador ha dado al Barça, pero al mismo tiempo qué bien se dibujan en ese signo – ∞ – toda la plasticidad del juego del maestro, la armonía de sus pases, el arte de regatear en una baldosa, con esos quiebros que desafían la lógica visual. Principio y fin.

Iniesta algunos lo recordarán por sus dos grandes goles –Stamford Bridge y Johannesburgo–, pero en realidad, más que en el gol,  su recuerdo vivirá en el pase y el control del balón en el regate. Aunque ha llevado siempre el 8, el fútbol que nos ha brindado todos estos años ha sido de 10. Un estilo exquisito que le sitúa en la tradición de Platini, de Zico, de Laudrup, de Zidane.

Una pareja histórica

Ningún jugador lo sabe mejor que el 10 del Barça, Leo Messi, pues nadie ha disfrutado tanto del privilegio de jugar a su lado. Lo dicen los números: Iniesta Messi son la pareja de jugadores que más partidos han disputado juntos en la historia de la Champions (97 en total). Pero lo dice sobre todo nuestra memoria: la facilidad con qué se buscaban y encontraban, esa alianza en el pase y la mirada, en el control del espacio, que sabían convertir en arte con el balón en los pies.

El filósofo Simon Critchley ha escrito que el futbol es el ballet de las clases populares. Este domingo asistimos a la retirada en el Barça de nuestro Baryshnikov. No volveremos a ver esa ligereza con el balón en los pies, el regate de equilibrista en la línea de fondo, como si más allá hubiera un precipicio, la gracia a la hora de combinar con sus compañeros. Otros llevarán su número, pero no heredarán su estilo. Al contrario, deberán llenar con su propio juego ese vacío en el callejón del ocho.

Eterno en un segundo

Sería un error que el Barça intentara buscar un sustituto para el capitán. Lo que hay que encontrar es la continuidad de una idea, de una tradición que se perpetúe en el tiempo. De Guardiola Xavi, y luego a Iniesta, y luego a Messi, y luego a Busquets, y luego… Esta continuidad, no nos engañemos, hay que encontrarla en la Masia, es un talento que crece y no se compra, tal como Iniesta nos ha demostrado hasta el último minuto.

Viéndolo jugar ante la Real, viendo toda la fiesta y el homenaje que se montó a su alrededor, me pregunté si Iniesta no se ha precipitado con su decisión de irse al Japón. Ay, ay. Estoy convencido de que le echaremos de menos, de que a ratos veremos su sombra entre los rivales, y me pregunto si él también se sentirá igual. Ojalá que no, pero si esto ocurre, a todos nos quedará el recuerdo maravilloso e imborrable: el hombre que vivía en el zigzag de las jugadas, como un rayo, eterno en un segundo.

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