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La hoguera

Antonio Castelo, presentador de Comedy Central News.

COMEDY CENTRAL / CÉSAR NÚÑEZ

Contra la denuncia anónima

Juan Soto Ivars

Si nos acostumbramos a las denuncias anónimas, no estamos conquistando derechos sino destruyéndolos

La semana pasada fue difícil para el humorista Antonio Castelo. Una cuenta anónima de Twitter difundió fragmentos de sus conversaciones con chicas, cuyas identidades quedaban en sombra. Vimos mensajes llenos de lascivia y el relato anónimo de una supuesta víctima, que narraba lo mal que se había portado con ella en una noche de hotel.

Algunas chicas, se explicó, eran menores, aunque es probable que Castelo lo ignorase durante el cortejo, puesto nadie pone en Instagram su año de nacimiento. La fuerza del “yo sí te creo” evitó esta pregunta y muchas otras. Se decidió que aquello era prueba suficiente para difamar al humorista y exigieron su despido de los programas donde colabora. Dos de sus compañeras se sumaron al linchamiento mientras otros emitían tibios comunicados de duda. Nadie señaló algo esencial: si nos acostumbramos a las denuncias anónimas, no estamos conquistando derechos sino destruyéndolos, pese a toda esa palabrería empoderadora.

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Cualquier ejemplo anterior de denuncia pública anónima remite a tiempos poco democráticos. Era una herramienta muy utilizada en las purgas estalinistas y en la dictadura de Franco, porque ante esta clase de denuncia el acusado no tiene la oportunidad de defenderse. Se lo reduce a un estereotipo y no se enfrenta a su presunta víctima, sino a una entelequia difusa. Se convierte en un individuo que se opone a una vaga construcción que dice representar lo más sagrado de su sociedad. Lo hemos visto con Castelo. No se procedió contra él como si hubiera molestado a unas chicas concretas, sino que se le atacó como si hubiera abusado de todas las mujeres.

Me da igual quedarme solo diciendo esto, pero creo que el fin no justifica los medios. Una revolución que persigue más derechos no debería obrar pisoteándolos. Si el feminismo sigue actuando de esta forma, pronto será percibido como una fuerza destructiva y despiadada a la que le importa poco la justicia social. Y creo que esto sería una forma muy rápida de malograr todo lo que se está consiguiendo cuando llegue la reacción. Que llegará.

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