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HORIZONTES

Campo de extracción de petróleo.

EFE / WU HONG

Riesgos de una recuperación frágil

Jordi Sevilla

El mayor riesgo actual para la economía española es seguir sin hacer nada

Parece que, al final, tendremos razón quienes desde el FMI o, modestamente, desde esta columna, venimos señalando que la recuperación económica en España es frágil, siendo el mayor riesgo no hacer nada por exceso de complacencia.

Cuando vemos que el precio del petróleo se dispara, que la fortaleza del dólar se lleva por delante la economía argentina y que se empieza a asociar el próximo relevo en la cúpula del BCE con el fin de la politica monetaria acomodaticia que nos ha financiado la salida de la crisis (el BCE ha comprado 2,4 billones euros de deuda), suenan las alarmas y estallan las burbujas de ilusión respecto a la potencia creadora de "aquellas reformas que se hicieron", sobre todo cuando una de las dos, la de pensiones del 2013, se pone en almoneda en el Congreso de los Diputados ante la vigorosa protesta de los pensionistas pero, también, para asegurar unos meses más de vida a Rajoy en la Moncloa.

Con el petróleo por encima de 75 dólares el barril, nuestra balanza comercial agudiza su tradicional déficit poniendo fin a las pretensiones de que nos habíamos convertido en una economía exportadora como Alemania. Y cuando, ante la primera dureza monetaria, caiga sobre nosotros todo el peso de una economía todavía muy endeudada, a pesar de haber sustituido una parte de la deuda privada por deuda pública, las dificultades para reactivar la demanda interna, las volatilidades bursátiles o conseguir equilibrar el presupuesto, dibujarán un panorama muy alejado del optimismo bobo que algunos han venido practicando estos años.

Sin embargo, con ser todo esto preocupante es compartido, en mayor o en menor grado, por el resto de países de la eurozona y todos las analistas convencionales de riesgos lo tienen incorporado ya en su ecuación. Por ello, me parece más relevante poner el foco hoy en lo que podríamos llamar los riesgos patrios. Aquellos riesgos propios adicionales que acechan la solidez y continuidad de nuestro crecimiento económico, entre los que quiero destacar tres: la desigualdad creciente, el impacto del binomio digitalización más inteligencia artificial y la lucha contra el cambio climático.

El bloqueo político existente, que según las encuestas no despejaría unas elecciones, junto al protagonismo de otros conflictos políticos de máxima importancia como el territorial, son buenas excusas para la parálisis que sufrimos en el frente económico si no fuera porque, en mi opinión, una parte de la inestabilidad política responde al malestar ciudadano creciente (desafección) ante la falta de un proyecto socioeconómico integrador.

Más desigualdad

La desigualdad social ha prendido en la economía española tras la crisis, más que en otros países y amenaza con enquistarse. Todos los datos, nacionales e internacionales, lo avalan. Solo ello explica que, según recientes encuestas, el 47% diga que la economía española no está mejorando o que el 90% concluyen que, en todo caso, si mejora, no lo notan en su bolsillo ya que, como dice el FMI o el Foro de Davos, estamos ante una recuperación "no inclusiva" debido a la globalización, a la revolución tecnológica y, añado yo, a las políticas conservadoras aplicadas para hacer frente a la crisis. Y en eso, el nuevo ministro de Economía se descuelga en una reciente entrevista diciendo que "la creación de empleo es la mejor redistribución que se puede hacer en la sociedad española actual". Sic.

Como si no hubiese aquí más precariedad, mas pobreza laboral, más salarios estancados que en la media de la eurozona que también tuvieron una crisis como la nuestra. De hecho, si esta fase de crecimiento no es inclusiva es, precisamente, porque no funcionan los mecanismos tradicionales de reparto de los beneficios del crecimiento: salarios y gasto social.

Y, en el caso de España, gracias una reforma laboral que debilitó la capacidad negociadora de los trabajadores y a unos recortes presupuestarios que se cebaron en el gasto social redistributivo. Es decir, si estamos diferencialmente peor, es por las políticas aplicadas por el Gobierno del que el ministro es, ahora, miembro.

Los otros riesgos propios se inscriben en las tareas mínimas para abordar los retos del futuro que, sencillamente, no estamos haciendo. No tenemos la prometida ley del cambio climático y de la transición energética, ni hay recursos suficientes para impulsar la Agenda Digital, dos de los mayores desafíos con que se están enfrentando todos los países del mundo. Es decir, el mayor riesgo actual de la economía española es, seguir sin hacer nada. Aunque claro, siempre habría alguno que diga que peor sería…hacer tonterías.

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