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LIBERTAD CONDICIONAL

Cómo criar y crear a un maltratador

Cómo criar y crear a un maltratador

Lucía Etxebarria

Mi examante me cuenta que la novia de su hijo Diego le ha puesto una denuncia falsa por maltrato.

Por precaución, y, antes de nada, contacto a Eliana. Me la encuentro llorando como una magdalena, sintiéndose muy culpable. Ella no ha denunciado. La vecina llamó a la policía, la policía se llevó al chico al calabozo, el Ministerio Fiscal actuó de oficio. Me cuenta que la madre de Diego se ha presentado en su casa con toda la parentela, para insultarla a grito pelado. Diez personas, cuatro coches. Y el hermano de Diego, de 14 años, allí, gritando como los demás.  

Le pongo en contacto con Marina Marroquí, una experta en violencia de género que quizá ustedes recuerden por su intervención en el programa 'Salvados'. Marina me llama después y me relata lo que Eliana y sus compañeras de piso le han contado. Cuando Eliana salía por su cuenta o se iba a trabajar, Diego le enviaba mensajes diciendo que iba a quemar la casa. Le controlaba la comida para que no engordara. La coaccionaba para que hiciera tríos con él. Le amenazaba con suicidarse si ella le dejaba. Le tiraba del pelo, le perseguía por la casa, destrozaba los muebles. Y luego le decía que la amaba, que no podía vivir sin ella.

El abogado pagado por la familia de él (él no ha trabajado en la vida ni se espera que lo haga) dijo que no había sido maltrato, sino una mera riña. Él tenía heridas también, las marcas de las uñas de ella intentado protegerse. A Eliana la «defendió» (es un decir) una abogada de oficio que apenas la escuchaba, que llegó a la vista cansada y malhumorada. Diego fue absuelto.

Diego niño había sido cuidado por una abuela y unos padres que le gritaban y le pegaban a la mínima, pero que después aseguraban quererle mucho y que, de hecho, le mantenían y aún le mantienen.

El padre de Diego es concejal de un ayuntamiento en un partido de extrema izquierda y se harta de colgar panfletos feministas en su perfil de Facebook. Su madre, que también está constantemente colgando en Facebook alegatos contra la corrupción, recibe una pensión por invalidez desde hace años, porque en teoría tiene lesionada la espalda, y sin embargo compagina dos trabajos: por las mañanas trabaja en un taller, por la tarde en un gimnasio.

En numerosos estudios se aprecia
que los violentos han sido víctimas 
directas de agresiones en su niñez

Diego ha aprendido que quien te quiere puede pegarte, gritarte e insultarte, que mentir es lo normal, y que está bien decir una cosa en público y hacer todo lo contrario en privado.

Le dije a Marina Marroquí que quizá Diego no podía sustraerse de la educación que había recibido. Ella me dijo que hay muchos chicos que ven violencia de pequeños y no son maltratadores de mayores.

En numerosos estudios se aprecia que los maltratadores han sido víctimas directas de malos tratos en su niñez, o los han presenciado.  Y así se confirma la teoría del aprendizaje social de Bandura: las manifestaciones de violencia en sus diferentes formas (maltrato infantil, violencia conyugal…) se repiten de una generación a la siguiente. Se aprende, mediante el modelado, que la violencia funciona como forma aceptable de solucionar los conflictos.

Los cuatro abuelos de Diego eran alcohólicos, tanto la madre como el padre fueron víctimas de maltrato: «Mis padres me pegaban, pero no pasa nada, así crecí más fuerte, una bofetada a tiempo no le viene mal a nadie». Diego tiene una tía alcohólica, otra cocainómana… Sus dos familias de origen son conflictivas. Y por eso no pueden aceptar que Diego es un maltratador, porque sería admitir que ellos lo eran, que sus padres lo han sido.

En contraposición a las teorías de los modelos de «aprendizaje por imitación» de Bandura, Locke y Williams analizaron diferentes casos de hombres con una historia familiar violenta para entender los procesos por los que se detiene la transmisión intergeneracional de la violencia.

Los resultados de su investigación mostraban que los hombres que desarrollaban fuertes vínculos sociales tenían más probabilidades de no ser violentos con sus parejas.

SÍ SE PUEDE detener la transmisión intergeneracional de la violencia de género, pero trabajador@s sociales, psicólog@s, esducador@s, abogad@s y ciudadan@s en general tendríamos que prevenir, sobre todo, para que no se transmitan estas pautas. Y la justicia debería no fijarse solo en la punta del iceberg y entender que una historia de maltrato es un proceso global.

Ojalá aquella abogada de oficio que no supo defender a Eliana lea esto y reflexione. 

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