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LA CLAVE

Una Catalunya imposible

Albert Sáez

Torra puede provocar -ahora sí- una ruptura del bloque independentista a poco que la oposición lleve a votación su manera de entender la lengua o la convivencia

Quim Torra -presidente clandestino- ha entusiasmado a pocos y ha embravecido a muchos. La mayoría de los independentistas -con la excepción de los trols-  han guardado un silencio que muchos consideran vergonzante. O, aún peor, han respondido con un infantil “y tú más” cuando desde ciertos recovecos del nacionalismo -en este caso español- se han lanzado a la yugular de Torra. Pasado este rifirrafe inicial será necesario observar el margen de maniobra que tiene el personaje protegido por el manto de Puigdemont. Lo veremos pronto. Si, por ejemplo, nombra a sus consellers sin llamarlos por teléfono, sabremos que mandar va a mandar poco. Y en el corto plazo, la mejor manera para Esquerra y para el PDCAT de alejarse de lo que Torra representa será ponerle en apuros en alguna sesión parlamentaria. Bastaría con que la oposición llevara a votación alguna moción con uno de sus exóticos planteamientos sobre la lengua o la convivencia en Catalunya. Se quedaría con diez votos. Puigdemont se ha cavado su propia tumba poniendo a Torra porque, en pocas semanas, la unidad independentista -ahora sí- puede saltar por los aires. Pensemos, por ejemplo, que las bases de Esquerra aceptaron irse a la oposición con diez diputados en 2010 antes que aliarse con el carreterismo que representa ahora Torra.

Y esto es perfectamente lógico porque, como el propio personaje reconoce en el título de uno de sus libros, la suya es una Catalunya simplemente imposible donde no habría habitantes, serían apenas cien o ciento cincuenta mil individuos que solo hablarían catalán y que estarían de acuerdo en casi todo. Un gueto autoconstruido y al que podrían llamar “república” pero que sería una simple tribu, un estadio de la civilización anterior incluso a los primeros asentamientos neolíticos. Por eso es tan hilarante que algunos hiperventilados confundan escribir muchos libros con ser un “intelectual”. Les recomiendo que relean por ejemplo los volúmenes de uno de los ensayistas más prolíficos de la transición, Álvaro Baeza. Porque en ellos no encontrarán el más mínimo sentido de la realidad, como le pasa a los que hablan como Torra. Porque si pensaran, ya no hablarían igual. Ni en Catalunya ni en España.

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