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análisis

Nuevos aires para la electricidad

Natàlia Fabra i Mikel González-Eguino

El desarrollo tecnológico ha hecho posible un futuro ayer inimaginable: el sol, el viento y el agua permiten producir electricidad a menor coste que los combustibles fósiles. A través de la generación eléctrica con renovables, la electrificación será el principal vector de descarbonizaciónde la economía.

España no tiene aún una estrategia integrada de energía y clima, como Francia, Alemania y Reino Unido. La Ley de Cambio Climático y Transición Energética avanza lentamente y su efectividad se verá afectada si el Gobierno se opone al cierre del carbón y de las nucleares.

Los 7 reactores nucleares alcanzarán entre 2020 y 2028 el final de suvida de diseño tras 40 años en operación. Ni siquiera sus costes ofrecen ya argumentos para justificar la prolongación de sus licencias. Extender la vida útil de las nucleares requeriría una inversión en seguridad de 3.000 millones de euros, colocando su coste por megavatio-hora (€/MWh) al nivel de las renovables. Según Irena, la fotovoltaica y la eólica terrestre permitirán generar electricidad a 24€/MWh en 2019. Para Lazard, no será rentable operar algunas nucleares porque sus costes variables superan ya a los costes de las renovables.

Además, el consumidor compra la generación nuclear a precios que duplican sus costes porque toda la electricidad se retribuye al precio ofertado por la tecnología más cara. Reflexionar sobre el modelo regulatorio de la electricidad en España resulta prioritario.

El encarecimiento previsto del CO2 y la más estricta regulación europea sobre emisiones harán casi inevitable que el carbón desaparezca del ‘mix’ energético en 2025. De hecho, varias eléctricas han anunciado cierres de sus plantas, y hay fechas de cierre programado en Reino Unido, Francia, Italia, Holanda, Portugal, Austria y Finlandia. En Reino Unido, un precio (mínimo) a las emisiones de CO2 de 20 euros/tonelada ha reducido la generación con carbón del 40% en 2012 al 9% en 4 años. Para las comarcas afectadas, sería preferible un calendario de cierre gradualfrente al cierre abrupto y precipitado.

Si el Gobierno no lo obstaculiza, el cierre paulatino del carbón antes de 2025 y el de las nucleares al final de su vida de diseño sería en un plazo corto. ¿Es inviable? Todos los estudios coinciden en que la seguridad de suministro quedaría garantizada si se sustituye la potencia retirada por nueva renovable y de respaldo, incluso bajo los peores escenarios. Además, España cuenta con 25.000 megavatios en ciclos combinados infrautilizados, que darían respaldo firme a la intermitencia de las renovables, facilitando la sustitución de los 17.000 MWs de carbón más nucleares.

Según el informe de expertos encargado por el Gobierno, el cierre nuclear supondría un aumento del 5% en los precios mayoristas (8/11 euros anuales para un hogar medio). Pero si hubiera mayor inversión en renovables, el impacto sobre los precios sería menor y se facilitaría la reducción de emisiones.

La transición energética, además de obligada, es una gran oportunidad. Tres premisas urgentes para que sea justa y eficiente:planes ambiciosos de nueva potencia renovable, incluida la generación distribuida; planes socio-económicospara los colectivos afectados; y una nueva regulación eléctrica que permita a los consumidores beneficiarse de la revolución renovable.

Ante este reto, la ambición política no basta, pero sí es imprescindible.

Temas: Electricidad

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