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Los límites de Quim Torra

Joan Tapia

¿'Consellers' en prisión? Es el primer choque interno en la formación del Govern

El nuevo presidente de la Generalitat empieza a topar con sus límites reales. El primero es la gran repulsa que han generado sus ideas supremacistas y su alergia a los catalanes que también se sienten españolesPedro Sánchez se ha excedido al compararlo con Marine Le Pen, entre otras cosas porque la 'lideresa' del Front National llegó a la segunda vuelta de las presidenciales francesas por méritos propios, no por ser hija de Jean Marie Le Pen, mientras que Quim Torra solo fue diputado, y por tanto ahora 'president', por designación digital de Carles Puigdemont. Pero, Sánchez aparte, ya se ha visto que Xavier Domènech y la propia Ada Colau han tomado más distancias.  

Y más allá de las ideas -las de sus 440 artículos conocidos-, Torra topa con limitaciones objetivas. Puede proclamar que quiere recuperar las leyes de desconexión anuladas por el Tribunal Constitucional, puede pronunciar discursos inflamados e incluso vetar a la vicepresidenta en su toma de posesión, pero luego ¿qué?.

Albert Rivera, quizá por su ascenso en las encuestas, pide que se mantenga el 155 y que se intervenga TV-3. Hay postureo porque la resolución del Senado que aprobó el 155 establece que dejará de estar en vigor cuando, tras las elecciones convocadas, las del 21-D, se constituyera un nuevo Gobierno.

El logro para Rivera

Mariano Rajoy y Sánchez ya han dicho que no les merece ninguna confianza el discurso de Torra, pero que optan por abrir una nueva etapa. Salvo, claro, que se volviera a la hoja de ruta que ya fracasó en octubre que forzaría la vuelta al 155. Por coherencia y porque ya lo está pidiendo el partido que encabeza las encuestas en España y que en las últimas elecciones fue el primero en Catalunya. Es curioso que el maximalismo separatista haya convertido al grupo improvisado de Rivera, que sacó tres diputados contra José Montilla en el 2006, en el primer partido catalán con 36 escaños y en el que en España derrotaría al PP y al PSOE, según la última encuesta de 'El País'.

Es un cambio electoral profundo que condiciona muchas cosas, pero las dificultades del tándem Puigdemont-Torra empiezan ya en el campo secesionista. Ha habido que cerrar filas y votarle para evitar elecciones, pero no hay unanimidad tras una estrategia con toques suicidas. Torra habló de "restituir" a los 'consellers' que están en prisión provisional sin fianza o en el exilio. Pero los de ERC, empezando por el vicepresidente Oriol Junqueras, ya se han excluido. ERC apuesta por un Gobierno lo más efectivo posible y cuenta para ello con Pere Aragonès, que será el nuevo vicepresidente. Tampoco quiere repetir el 'conseller' Joaquim Forn (PDECat) y hay dirigentes de JxCat (y abogados) que no ven conveniente que Jordi Turull y Josep Rull formen parte.

Un movimiento nada fácil

¿Qué pasará? Se verá, pero de momento Torra ya ha tenido que retrasar la formación del Gobierno y prolongar así la vida del 155. Saber moverse entre un verbo inflamado y una praxis cauta no es nada fácil. Exige un profesional de primera y Torra, hasta hoy, no ha dado ninguna prueba de serlo. ¡Ojalá nos sorprenda!

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