Ir a contenido
Kim Jong-Un.

KOREA SUMMIT PRESS POOL

Pronto para cantar victoria

Rafael Vilasanjuan

La cumbre entre Corea del Norte y EEUU puede ser el primer paso hacia un lejano escenario de desnuclearización real

¡Ay! Qué cerca parecía el primer triunfo de Donald Trump en política exterior. Como espectáculo no podía ir mejor, pero no todo está escrito y para quienes ya se preparaban, el capítulo final todavía tendrá que esperar. Ni la visita de Kim Jong-un, la primera de un líder de Corea del Norte a su colega en el sur hace apenas tres semanas, ni la imagen de Trump recibiendo con honores a los rehenes liberados garantizan que el final del conflicto seguirá el camino mas fácil.

Las dos Coreas siguen técnicamente en guerra porque nunca firmaron un tratado de paz cuando en 1953 el país se partió en dos mundos. Desde entonces, ni guerra ni paz. La amenaza nuclear del Norte ha mantenido en vilo a sus vecinos en la parte que cuelga al sur de la península; los ejércitos a cada lado de la frontera no se atacan pero se vigilan sabiendo que en ello les va la vida. Los gobiernos recelan y el amago de un ataque con misiles fue convirtiendo la distancia entre estas dos mitades en un abismo. Los restos de la guerra fría se congelaron en esta península y cuando todo parecía de nuevo encaminado, cuando por fin los dos presidentes se habían encontrado para dialogar, de pronto todo sucumbe.

Reflejado en el espejo

Pero la amenaza de Kim Jong-un de suspender la cumbre con Trump el próximo 12 de junio no debería sorprender. Tras tanto tiempo en conflicto era asombroso lo rápido que esta historia pasaba del temor al optimismo. Hace menos de un año, el presidente Donald Trump, tan asiduo a lanzar tuits provocadores amenazó con sustituir su incontinencia virtual por misiles reales que descargarían toda su furia y fuego hasta dejar a Corea del Norte convertida en un páramo. Kim Jong-un debió asustarse, no tanto por la amenaza como por intuir en el espejo a un presidente tan histriónico e imprevisible como él, capaz, este sí, de cambiar la tecla del móvil por el botón de sus armas de destrucción masiva.

Es pronto para pensar que la crisis nuclear que ha mantenido en vilo al mundo está en vías de solución. Aunque desde EEUU se apunta que Corea del Norte está de acuerdo en desnuclearizarse, lo que parece más bien es que Kim está dispuesto a hablar para saber qué recompensas puede lograr, poco más. Corea del Norte no renunciará a su poder nuclear, al menos del todo y menos cuando la diplomacia americana está anunciado un final similar al de las armas de destrucción masiva en Irak o al de la desnuclearización de Gaddafi en Libia.

Sin arsenal nuclear no hay poder 

Cada uno de esos dos escenarios confirma que si Kim acaba con su arsenal nuclear, acaba también su poder. Sabe que tiene que hacer concesiones, como sabe que hoy por hoy es impensable un escenario de encuentro y reconciliación total entre las dos partes de un mundo enfrentado a pesar de que la línea divisoria separa a una comunidad unida por familias, lengua y cultura. Ojalá se salve la cumbre, pero la alerta sobre una diplomacia muy débil basada principalmente en golpes de efecto solo es el anuncio de que todavía es muy pronto para cantar victoria.