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Dos miradas

Lluís Puig, Toni Comín y Meritxell Serret celebran la decisión del juez.

Bofetada

Emma Riverola

Un fallo de forma es la excusa que la justicia belga ha encontrado para que el golpe en la mejilla del Llarena sea menos contundente

Un fallo de forma parece ser la excusa que la justicia belga ha encontrado para que la bofetada en la mejilla del juez Llarena sea un poco menos contundente. Solo un poco. Pretender que otros países se enfanguen en los lodos que mantienen en prisión preventiva a SànchezCuixart, Junqueras, Forn, Bassa, Romeva, Turull, Rull y Forcadell es mucho pedir. Ese delito de rebeldía que Llarena insiste en defender más allá de los hechos forma parte del juego de espejos en el que Catalunya y el resto de España están sumidos. Donde la ideología se impone a la realidad e impregna la política y la justicia, y amenaza con quebrarlo todo. Desde la convivencia hasta el estado de derecho.

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En medio de este fangal, Pedro Sánchez propone una reforma del Código Penal para "adecuar" el delito de rebelión al escenario catalán. Y la iniciativa, tan vaga como oportunista o inoportuna, parece responder, precisamente, al intento de solucionar el conflicto entre lo ocurrido y un delito que precisa violencia. Lástima que la propuesta del PSOE no vaya en la línea de defender la veracidad de los hechos, sino en ajustar la letra de la ley. Sin duda, una contradicción de quien hasta ahora había acusado a Rajoy de judicializar la política, una muestra de su impericia para afrontar la situación y un signo del temor que genera la vertiginosa ascensión de Ciudadanos. Añadir agua estancada al lodo no parece el modo de contribuir a la distensión.

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