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Los nuevos retos

La mochila del 'president' Torra

Astrid Barrio

El exilio de Puigdemont, el frente judicial y la difícil gobernabilidad por falta de mayoría parlamentaria condicionarán la legislatura

Con la investidura y  toma de posesión del 'president' Torra se cierra el primer capítulo de una excepcional legislatura que se prevé muy complicada. Diversos son los frentes que de manera simultánea y con interacciones recíprocas ha de afrontar el nuevo presidente.

En primer lugar el exilio, al que ha dedicado su primer día en el cargo. Torra ha visitado al depuesto presidente Puigdemont para evidenciar el modelo de ejecutivo dualista, que aunque sea de manera simbólica, se pretende imponer. El interrogante es si la bicefalia Puigdemont-Torra evolucionará hacia un modelo de naturaleza semi-presidencialista en el que  el presidente, en este caso Puigdemont, considerado el presidente legítimo por la mayoría parlamentaria, gozará de amplias prerrogativas y prevalecerá sobre el primer ministro, Torra que depende de su confianza, o si será un modelo más próximo al parlamentario en el que el poder del presidente está mucho más limitado y el protagonismo en la acción de gobierno recae en el primer ministro que depende del Parlament.  

Cualquier nueva acción para construir república puede ser considerada un acto de desobediencia y reactivar el artículo 155

La evolución dependerá del carácter aún desconocido del presidente Torra -más allá de unos reprobables  tuits y artículos por los que se ha disculpado-, pero sobretodo dependerá del frente judicial y de las estrategias de defensa. Si Puigdemont es extraditado y encarcelado, su capacidad de influencia y de dirección en la acción política cotidiana se va a ver muy limitada y todo el protagonismo va a recaer en Torra. Si, por el contrario, el tribunal de Schleswig-Holstein deniega la extradición, Puigdemont se verá altamente reforzado, potenciará el 'espacio libre de Europa' y el Consell de la República, y más allá de internacionalizar el contencioso catalán, incidirá en el día a día de la acción de gobierno aunque no disponga de competencia formales. Se especula además con que, coincidiendo con el inicio del juicio previsto para otoño, se pueda producir una disolución anticipada para que Puigdemont pueda de capitalizar la situación al máximo.

El tercer frente es la ausencia de mayoría parlamentaria. El independentismo no ha dejado de repetir desde el 21-D que disponía de mayoría y ahora resulta que la CUP ha decido pasar a la oposición para sorpresa de los que nunca la vimos en el Govern. La situación no es muy diferente a la de la legislatura pasada, en la que los anticapitalistas tumbaron los presupuestos, pero en esta ocasión complica todavía más la gobernabilidad porque su apoyo se condiciona a la implementación de la república. Y esta parece que solo se va a concretar por medio del proceso constituyente pilotado por la sociedad y la Assemblea de Càrrecs Electes.  

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Cualquier otra cosa que implique al Govern o al Parlament, o cualquier otro tipo de acción para construir república, puede ser considerada un nuevo acto de desobediencia y un desafío al orden constitucional vigente y dar lugar a una nueva activación del artículo 155. En  este sentido se han conjurado Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en su encuentro en la Moncloa mientras que Ciudadanos clama para que no se levante ni siquiera el actual. 

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