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Editorial

Vivir en chabolas

La cronificación de la pobreza y la obscenidad de los precios de alquiler exigen el compromiso urgente de todas las administraciones.

Barracas y chabolas en la confluencia de las calles de Tánger y Álava.

Barracas y chabolas en la confluencia de las calles de Tánger y Álava. / ALBERT BERTRAN

La AcampadaXDrets fue un ejemplo evidente de la problemática de las personas que viven en la calle en Barcelona. En el mismísimo corazón de la ciudad, en la paza de Catalunya, se llegaron a congregar en un campamento improvisado decenas de sintecho que fueron desalojados en las vigilias de Sant Jordi. Algunos se trasladaron al solar de la avenida de Vilanova, junto al Arc de Triomf, y otros siguieron a la intemperie o refugiados en cajeros automáticos. Ahora sabemos también de la existencia de las barracas construidas en la confluencia de las calles de Tànger y Àlaba, muy cerca de la ampulosidad del Teatre Nacional, la torre Glòries, el Auditori y el mercado de los Encants. Chabolas levantadas de cualquier manera, con la misma chatarra con la que comercian o con materiales de derribo, que acogen a vendedores ambulantes y familias hacinadas en un campamento en el que malviven y que permite el almacenamiento de pertenencias y objetos con los que apenas se ganan la vida.

Este jueves se procederá al recuento anual de personas que viven en la calle (el año pasado, más de mil) y tendremos de nuevo una instantánea dramática de una situación que el ayuntamiento intenta paliar con un aumento de las plazas en equipamientos sociales. Pero la cronificación de la pobreza, la obscenidad de los precios de alquiler y el desamparo provocado por desigualdades sociales lacerantes exigen soluciones más radicales, en las que deben comprometerse con urgencia todas las administraciones.