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Editorial

Un 'president' provisional y de excepción

Catalunya necesitaba un Govern y lo tendrá, pero, por lo visto en la sesión de investidura de Torra, es muy difícil esperar una etapa de normalización

Quim Torra y Elsa Artadi durante la sesión de investidura.

Quim Torra y Elsa Artadi durante la sesión de investidura. / ALBERT GEA (REUTERS)

El recién elegido presidente de la GeneralitatQuim Torra, ha definido la etapa que ahora se inicia como excepcional y provisional. Esas dos condiciones han empezado por cumplirse, en efecto, en la misma sesión de investidura. La excepcionalidad, porque nunca el acto de investir un 'president' había sido tan poco solemne y con tan escaso contenido. En sus intervenciones, el candidato ha mostrado sus carencias con toda crudeza, sobre todo en las réplicas, de apenas 15 o 20 minutos en total, sin responder a cada grupo parlamentario por separado, lo que ha empobrecido el debate al tener que ajustarse las contrarréplicas a apenas 3 o 4 minutos.

Y, sin embargo, el debate era muy importante, pese a que el candidato se presentó como un presidente provisional. Por eso empezó diciendo que el 'president' era Carles Puigdemont, que fue también al primero al que agradeció su elección tras la votación y al primero que visitará este martes en Berlín. En el discurso de esta segunda sesión, Torra se esforzó en ser menos excluyente y pidió con mayor énfasis disculpas por sus textos xenófobos asegurando que no se repetirían. Pero las ideas que contienen sus tuits y sus artículos –Inés Arrimadas desempolvó algunos terribles— son tan sectarias y tan incalificables que no basta con pedir perdón para despejar el temor de que Torra no será el presidente de todos los catalanes.

El nuevo 'president' se reafirmó en el plan de que el Govern de la Generalitat comparta el poder o su representación con un Consell de la República en el extranjero y con una asamblea de cargos electos mientras se organiza un proceso constituyente para "hacer república". Instituciones que, como le recordó Miquel Iceta, no tienen cabida ni en la Constitución ni en el Estatut. Torra tampoco respondió a las preguntas sobre su concepción de Catalunya y de España que le formuló Xavier Domènech, quien reprochó a ERC y a la CUP su contribución a la elección de un representante del catalanismo más ultraconservador.

En este sentido, ERC tiene el reto de demostrar en el nuevo Govern si esa nueva estrategia de ruptura con la unilateralidad y con la ilegalidad que promueve es sincera, a la vista de que en la sesión de investidura se limitó a intentar blanquear el pasado del candidato. Catalunya necesitaba un Govern -y el final del artículo 155- y lo va a tener, pero, por lo visto en la sesión de investidura, es muy difícil ser optimista y esperar una etapa de normalización.