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Análisis del debate de investidura en el Parlament

El presidenciable Quim Torra, durante su discurso de investidura.

LLUIS GENÉ (AFP)

Discurso confuso, objetivo en la sombra

Joan Tapia

Aunque el programa de Torra es contradictorio, pretende derrotar a la Constitución y al Estatut

Quim Torra intentó este lunes poner parches a los fallos más vistosos de su discurso del sábado y a los preocupantes interrogantes de su personalidad. Pidió disculpas por sus tuits con algo más de énfasis, recitó puntos programáticos -como un salario mínimo de 1.100 euros y una empresa pública de aguas del Ter-Llobregat-, pronuncio palabras en castellano, y admitió (a Xavier Domènech) que es catalán quien vive y trabaja en Catalunya.

Sin embargo, ni convenció a la oposición ni puede engañar a nadie. El eje de su programa es la ruptura radical, una ruptura -ya intentada y fracasada- que solo tiene el apoyo, quizá entusiasta, del 47% de los catalanes. Así se ahonda una división, no se gobierna un país. Y pedir disculpas por haber llamados "bestias humanas" a los catalanes que se sienten españoles (como le recordó Ines Arrimadas), parece muy insuficiente. El candidato lo intentó y habló de la transversalidad del catalanismo, pero quien lamentó "la avalancha inmigratoria" no puede borrar la sospecha de xenofobia.

Entre Barcelona y Berlín

Su discurso es contradictorio. Ya es 'president', pero este martes vuela a Berlín para dejar claro que hay dos presidentes y que el centro de decisión no está en Barcelona, sino en la capital alemana.

Y tiene poca credibilidad leer una especie de programa progresista a medio plazo (cual catálogo de El Corte Ingles) y, al mismo tiempo, hablar de provisionalidad y no desmentir las posibles nuevas elecciones apuntadas por Puigdemont en 'La Stampa'. ¿Qué confianza merece quien habla de un pacto para la industria -ambicioso objetivo a medio plazo- y se sabe que sopesa elecciones en diciembre?

Menos todavía quien dice que recuperará leyes vetadas por el Constitucional y lo decidido en referéndum el 1 de octubre, sin concretar cuándo, cómo y dónde. Si se trata de recuperación verbal, no habrá conflicto serio, aunque dará vitaminas a las tesis más contrarias. Pero no dijo cómo pasaría de las palabras a los hechos.

Está bien proclamar que no es posible un proyecto europeo sin Catalunya (suena bien), pero el portavoz de Jean- Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, se ha negado a opinar sobre sus tesis y tuits "para no dignificarlas con un comentario".

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Pero, discurso confuso no equivale a falta de objetivo en la sombra que sí existe: usar los medios de la Generalitat para deslegitimar el orden constitucional y el Estatut votado por los catalanes. Y centrar la deslegitimación en el proceso contra los dirigentes del 27-O, convocando elecciones de protesta a la sentencia del Supremo. Puigdemont querría así una mayoría más fuerte. Bajando un poco la 'estelada' e izando el lazo amarillo. Tres elecciones indican que la separación tiene el 47%. En cambio, el 83% de los catalanes, según la última encuesta de EL PERIÓDICO, creen que los dirigentes del 27-O no merecen la prisión preventiva.

Y es que el aventurismo catalán tiene un hermano gemelo en Madrid. Son los que aseguran que la letra con sangre (o prisión) entra. Conclusión: seguirá la espesa niebla que nos impide ver el precipicio que bordeamos.