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La reivindicación de una especie eclipsada por el 'Homo sapiens'

Solo sé que -en parte- soy un neandertal

Jordi Serrallonga

La recuperación de ADN fósil confirma que, lejos de batallar, se relacionaron con los 'sapiens' a nivel sexual y dieron lugar a híbridos

Durante mi primer año, como estudiante en la UB, asistí a una conferencia sobre neandertales y 'sapiens'. Hablamos de finales de los 80, y la moda imperante afirmaba que la extinción del neandertal se debió al choque bélico entre las dos especies. Ambas habían coincidido, en espacio y tiempo, en el Próximo Oriente y Europa, y -gracias a una presunta superioridad biológica y cultural- el 'sapiens' resultó vencedor. En efecto, la mayoría de expertos del momento opinaban que 'sapiens' fue mucho más inteligente que el neandertal y que, por lo tanto, estuvo en posesión de una sofisticada tecnología y mejores estrategias de organización social. Ahora bien, quizás debido a una natural inclinación por los personajes secundarios -soy más de Haddock que de Tintín, o de Chewbacca más que de Skywalker- aquella tarde solicité la palabra para exponer mi modesta postura. A saber, que la inteligencia del neandertal fue equiparable a la nuestra y que su extinción no tenía porqué ser debida a cruentas batallas con los 'sapiens'. Solo faltaba demostrarlo... y no teníamos las pruebas.

Los primeros fósiles de neandertal fueron hallados en Gibraltar, Bélgica y Alemania durante el siglo XIX, pero ni tan siquiera Darwin se fijó en ellos cuando, el año 1871, publicó 'El origen del ser humano'. ¿Por qué pasaron desapercibidos? Porque, al inicio, los huesos descubiertos en la localidad del Valle de Neander fueron interpretados como pertenecientes a 'sapiens' patológicos. Unos dijeron que el cráneo alargado, y de frente huidiza, era resultado de los golpes de bastón que recibió el sujeto en vida. Otros pensaron que se trataba de un cosaco que persiguió a las tropas de Napoleón en retirada: de ahí que el fémur estuviera curvado... prueba de su entrenamiento, como jinete, desde la infancia. El fémur arqueado también inspiró a los que defendieron que se trataba de un humano raquítico; tesis que explicaba la prominencia ósea sobre los ojos -torus supraorbitario- pues el raquitismo causa fuertes dolores de cabeza que hicieron que el individuo frunciese el ceño, de forma repetida, hasta provocar la aberrante deformación. Por supuesto, eran explicaciones tan hilarantes como erróneas.

Su extinción no fue por una guerra entre especies, como se creía, sino debido a la selección natural

Finalmente, cuando todos estos restos fósiles fueron reconocidos como una especie diferente al 'sapiens' -'Homo neanderthalensis'-, se siguió alimentando su imagen esperpéntica. Museos y publicaciones los reprodujeron con mirada perdida, cara deforme, torso curvado y dedos agarrotados; en pocas palabras, un monstruo parecido al Mr. Hyde de Stevenson que también inspiró algunas películas donde los neandertales eran idiotas y sanguinarios.

Pero todo ha dado un vuelco; tanto que el neandertal casi se ha convertido en el homínido de moda. Ahora ya admitimos, sin tapujos, que la media de su capacidad encefálica -volumen cerebral- superó a la nuestra. Eran seres con cerebros complejos. Por lo tanto, no sorprende que el neandertal enterrase a sus muertos, coleccionase -por simple placer- fósiles y minerales, o que cuidara fielmente de sus enfermos; la arqueología lo prueba. Aun así, algunos especialistas siguieron esgrimiendo una diferencia clave entre neandertales y 'sapiens': las manifestaciones simbólicas. Pinturas y grabados rupestres, figurillas, etc. serían exclusivas del 'Homo sapiens'. ¿Seguro? Recientes dataciones realizadas en cuevas europeas con pinturas prehistóricas revelan que el neandertal pudo ser el responsable de algunas de estas representaciones antes de la llegada del 'sapiens'.

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Y, como colofón, la genética ha demostrado que fue en la Prehistoria, y no en los 70, cuando se acuñó el lema 'Haz el amor y no la guerra'. La recuperación de ADN fósil confirma que, lejos de batallar, los neandertales y los 'sapiens' se relacionaron -aun siendo especies biológicas diferentes- a nivel sexual: dieron lugar a híbridos. Estos híbridos -en biología existen excepciones- fueron fértiles y, a pesar de que no prosperaron hacia una tercera especie, sí que hicieron que nosotros, en estas latitudes, seamos 'sapiens' con un ADN que porta genes de neandertal. En definitiva, la extinción del neandertal no fue por una guerra con los 'sapiens' sino debido a la selección natural. En un mismo nicho ecológico, si tenemos dos especies muy parecidas que explotan idénticos recursos, una de las dos especies desaparecerá. Sobrevive el más apto, y los neandertales, en esta ocasión fueron los menos adaptados. Desaparecieron, aunque los genes que compartimos me permitan filosofar: "Solo sé que -en parte- soy un neandertal".

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