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Al contrataque

Los jubilados han tomado el relevo de aquellos jóvenes y ahora lanzan adoquines ideológicos contra los Rajoy, Cifuentes, Rato y Bárcenas que encarnan la democracia insuficiente

Milena Busquets explicaba ayer desde aquí mismo, a los 50 años del Mayo francés, la imagen un tanto épica que se les ha transmitido sobre aquello a quienes no habían nacido. Pero los veteranos recordamos que seguíamos desde España aquellos acontecimientos a través de informaciones censuradas. La verdad es que nos enterábamos más bien poco de lo que sucedía en París; aquí estábamos a lo nuestro, esperando a que Franco muriese de viejo sin saber que aún le quedaban siete años de cuerda.

Los progresistas estábamos perplejos. Confiábamos en que después de lo que llamábamos cautamente 'el hecho sucesorio' en España habría una vuelta de la tortilla tras una etapa transitoria con 'Juan Carlos el Breve'. La paradoja es que aspirábamos a una situación democrática como la que tenían pero rechazaban por insuficiente los utópicos pero listos estudiantes y trabajadores franceses. Lo de París lo veíamos como una película extranjera de arte y ensayo cuyo tema nos afectaba poco. Los jóvenes parisinos, que no creían en los partidos políticos que nosotros deseábamos tener, sabían hacer una especie de revolución de salón prácticamente sin muertos y sin toma del poder, cuando aquí, en el reñidero español, la menor disidencia acababa siempre rebozada en sangre, ahogada en la cera de los cirios de la Iglesia reaccionaria y machacada por las cargas de los espadones militares y policiales.

Aquellos chicos tenían razón

Luego, con el tiempo, hemos sabido que aquellos chicos tenían razón y que sus pesadísimos debates asamblearios en la Sorbona inseminaron muchos gérmenes que afloraron después. Para empezar, cavaron la tumba del comunismo, denunciado por su desprecio de las libertades, y para seguir debe reconocerse que sin ellos hoy no serían lo que son, por ejemplo, el antibelicismo popular dominante, el derecho a pedirles cuentas a los de arriba, el orgullo por disponer del propio cuerpo, el nuevo papel social de los jóvenes o el reconocimiento de los derechos de la mujer. Sin embargo, a corto plazo nada. Franco siguió matando, incluso casi desde su cama mortuoria, y en el mundo se impuso la contrarrevolución conservadora de Reagan y la Thatcher. Pero lo sembrado no fue un fracaso, aunque aquí en España si nos dejamos de épicas reconoceremos que en aquel mayo no pasó prácticamente nada y que la cantante de moda para la mayoría de nuestros compatriotas se llamaba Karina.

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Las cosas van al ritmo que van. Pero era verdad lo de que debajo de los adoquines está la playa aunque se deba trabajar y picar duro para llegar hasta ella. Lo saben sin ir más lejos los jubilados que han tomado el relevo de aquellos jóvenes y ahora lanzan con puntería adoquines ideológicos contra los Rajoy, CifuentesRato y Bárcenas que encarnan la democracia insuficiente, aquella que ya se denunciaba en las calles agitadas de París.

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