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Dos miradas

La victoria en el Tour de 1948 del ciclista y discreto héroe en el salvamento de judios guarda un episodio igualmente fascinante

Gino Bartali fumaba antes de cada etapa para desmoralizar a los rivales. Estos, viéndolo en la línea de salida a punto de empezar una etapa dantesca (y entonces eran dantescas de verdad, sin caer en el tópico), no podían sino pensar que 'el hombre de hierro' estaba hecho realmente de ese material, inmenso e incombustible, católico, apostólico y romano. O florentino, para ser más exactos. Ahora, Bartali ha vuelto a ser noticia. Ha sido homenajeado por Israel en reconocimiento a los méritos que acumuló por su heroicidad discreta en el salvamento de judíos durante el fascismo.

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Pero hay un episodio de su vida tanto o más fascinante que este. Estamos en 1948. Han estado a punto de asesinar a Togliatti, el líder comunista, en un atentado. Italia está cerca de la guerra civil. De Gasperi, el presidente, llama al ciclista, que está corriendo el Tour. Está a 21 minutos del líder, el francés Bobet. "¿Puedes hacer algo por Italia?", le pregunta. Bartali dice: "¿Qué puedo hacer?". El presidente responde: "Ganar el Tour". Bartali, desconcertado, contesta: "El Tour, no lo sé. La etapa de mañana, sí ". La gana, con una ascensión colosal al Izoard. Y gana la del día siguiente. Y la tercera seguida en los Alpes. Y termina el Tour, vencedor, con más de media hora de distancia sobre Bobet. Y el país abandona la lucha y celebra la victoria de aquel que, como dice Paolo Conte, tenía "la nariz triste, como una subida". Como la del Izoard, por ejemplo.

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