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Tiempo de movilización

Volvemos a la calle

Carles Sans

Me alegra ver que regresamos a los tiempos en que la gente vuelve a tomar las riendas, dejando la resignación para los que se conforman con ver jugar el partido desde la grada

Escribo este artículo tras una reflexión extraída del libro de Sergio Fernández 'Vivir sin miedos, en el cual se habla de vivir sin ese lastre que nos impone el miedo a la hora de hacer tantísimas cosas. Más que soluciones, el libro nos plantea preguntas que han de ayudarnos a trabajar en el propósito de enfrentarse cara a cara con nuestros miedos y así dar otro sentido a nuestra vida.

En uno de sus capítulos nos habla de cómo miles de personas llenan un estadio y vibran con lo que hacen únicamente 22 individuos. La masa mira y no puede hacer otra cosa que animar, silbar o arrojar algún que otro objeto, pero nunca interviene en el juego, y sin embargo, está allí volcada y emocionada por ver lo que hacen los 22 jugadores en el campo. El autor ve esto como una metáfora de la vida, es decir, unos pocos juegan y la gran masa mira.

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En España hemos pasado por un período de crisis que ha convulsionado a nuestra sociedad, una sociedad que en la precrisis vivía en un estado de letargo, viendo jugar a unos pocos. Nos lamentábamos, sí; pero nadie salía a la calle a protestar porque, quien más quien menos, disfrutaba de cierto bienestar. Pero llegó la crisis, y los desahucios, los escándalos de corrupción, los recortes, las pensiones insuficientes, el desempleo, la violencia de género, los rescates financieros, algunas sentencias judiciales abusivas, que han hecho que hoy las movilizaciones sociales sean una realidad con voluntad de transformar las cosas que no nos gustan.

Como dijo Balzac, para muchos “la resignación es un suicidio cotidiano”, y al ver peligrar sus condiciones de vida y su existencia, han dejado de creer en las fórmulas que habían funcionado hasta ahora. Y salen a protestar por ello. Se acabó el miedo. De eso nos habla, también, Alberto Garzón en su libro 'La gran estafa'. Me alegra ver que regresamos a los tiempos en que la gente vuelve a tomar las riendas, dejando la resignación para los que se conforman con ver jugar el partido desde la grada.

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