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ANÁLISIS

Salvada la imbatibilidad, aliviado el verano

Albert Guasch

La fiesta de confetis del final subraya el valor de lo logrado y persigue calar un estado de ánimo feliz

Al clásico descafeinado se le puso una escenografía inicial para que nadie se durmiese. Y, en cambio, fue el árbitro, como en tantos otros duelos entre azulgranas y blancos del pasado, quien calentó el café.

La ausencia de los buenos modales con el pasillo negado se proyectó sobre todo el partido. En empujones entre Ramos y Suárez, entre Navas y Suárez, entre Alba y Modric, entre Umtiti y Bale, entre Paulinho y Lucas Vázquez... Reyerta tras reyerta de principio a fin. Parece incluso que en el túnel de vestuarios en el descanso. Cafeína a tope.

El clima enfurruñado y rabioso subrayó que, sin nada que ganar, todos se sentían que había suficiente que perder. El colorismo del mosaico, sentirse más o menos ofendido por la falta del pasillo, dio vitaminas al partido desde el pitido inicial.

Desde la grada se empujó para llevar el enfrentamiento a un terreno de abierta hostilidad. Y el grito de "campeones" se convirtió en una especie de bises reivindicativo en la canción del enfrentamiento. 

El Barça salvó la imbatibilidad en un esfuerzo monumental, con 10 jugadores en pie. Lucharon como si se jugaran un campeonato. Pocas veces un empate ante el Madrid habrá sido tan celebrado en el Camp Nou.

Demostró en algunos tramos que se asemeja al equipo esplendoroso de la final de Copa. Pero en otros momentos enseñó el aspecto dubitativo de Roma y hasta se temió otra debacle. Quien buscara encontrar la resolución del misterio, no encontró una respuesta clara. El árbitro ayudó a confundir a todos.

Contra el altavoz de la capital

La fiesta no anunciada de confetis del final remarcó el valor de lo logrado. Que no se diga que desde la entidad azulgrana no se ha realzado lo necesario el doblete ante una masa social propia con tendencia a la insatisfacción y a exacerbar los tropiezos.

Una forma también de contrarrestar el imbatible altavoz madrileño ante el previsible éxito en la Champions. ¿Quién ha disfrutado de mejor temporada? El encuentro se jugó también en el campo de la escenografía. Había que calar un estado de ánimo para los días venideros. Desconectar el éxito propio del temido resultado de Kiev.

Las líneas trazadas

El pasillo final del personal del vestuario, instigado como no podía ser de otra manera por Gerard Piqué, dobló la apuesta del autohomenaje. Los futbolistas lo pasaron bien, con vuelta de honor, pero antes con el balón en juego lo pasaron francamente mal. El Madrid maniobró en el Camp Nou mejor que en cualquiera de los últimos partidos que le han permitido alcanzar la final de Kiev ante el Liverpool.

Más que la temporada, el Barça se jugaba la tranquilidad del verano en el último partido importante. Seguro que el cuerpo técnico tiene las líneas trazadas, pero un punto y final decepcionante habría añadido calor sofocante a unas gestiones que deben llevarse a cabo con frialdad. 

La mayor de las certezas es Messi, que se desfondó e hizo una reverencia a la grada tras su maravilloso tanto. El mundo al revés. 

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