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ANÁLISIS

Insinúa que algo queda

Sònia Gelmà

No es nada nuevo. Forma parte de la cultura futbolística de este país, cuando un equipo se siente perjudicado por el árbitro, no puede evitar el lamento, e incluso, como hizo después del clásico Emilio Butragueño, y esto es lo más grave, se atreven a extender la sombra de la duda sobre su profesionalidad.

Porque, ¿qué quería decir el director de relaciones institucionales del Madrid cuando dijo que le extrañaba que el asistente no hubiera visto el penalti de Alba? O mejor dicho, ¿qué insinuaba? Seguramente algo muy parecido a lo que muchos quisieron ver cuando Çakir no apreció la mano de Marcelo ante el Bayern. Porque eso sería lo coherente: si Butragueño se hubiera extrañado o sorprendido en público en ese partido de Champions, su argumento sería mucho más creíble.

Pero eso no pasa nunca. La memoria es selectiva y suele ocurrir que cuando acaban los partidos uno solo recuerda esas ocasiones falladas que le podían haber dado a la victoria, obviando las del rival, y los errores arbitrales en su contra, pasando por alto las que ha podido tener a favor. Es humano, pero también criticable, sobre todo cuando viene precedido por esa adversativa tan común: "Nosotros no hablamos de los árbitros, pero...".

Los tacos de Bale

Butragueño no consideró que los tacos de Bale en la pantorrilla de Umtiti fueran suficiente para expulsarlo, "a lo sumo amarilla", tampoco destacó cuando resumió el partido en las jugadas polémicas que un fuera de juego de Rakitic mal señalado evitara el tercer gol del Barça, pero en cambio, no tuvo dudas sobre las dos jugadas que perjudicaron al Madrid. Ignorar las jugadas que les favorecieron es explicar solo la mitad de la película.

Ya que Butragueño se extraña de cómo puede un árbitro no pitar una jugada tan clara, donde parece muy evidente que Alba golpea la pierna de Marcelo, sería interesante que utilizara la empatía. Cuántas veces Hernández Hernández habrá visto como un jugador sufre lo que parece un penalti de libro y se habrá decepcionado después en casa viendo la jugada repetida de como caía sin contacto alguno.

Pónganse en el lugar de esos señores que intentan impartir justicia en un juego en que veintidós jugadores intentan sacar provecho de cualquier jugada. Jugadores que se dedican a protestar aun sabiendo que no tienen razón, que exageran contactos y simulan caídas. Un deporte que necesita el VAR, bien aplicado, no solo para evitar errores sino también para que desaparezca esa picaresca. Mientras tanto, lo mejor que pueden hacer es callar, como sí que hicieron en general los jugadores del Madrid, quizás porque recuerdan lo que dijeron después de la Champions y no querían salir retratados. No estuvo tan listo Butragueño. 

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