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IDEAS

Robert De Niro en Taxi Driver.

Scorsese & Schrader

Ramón de España

Sé que el título de esta columna parece remitir más a un bufete de abogados con un socio católico y otro protestante que a dos cineastas de mucho mérito, pero bueno, lo mismo sucedía con Simon & Garfunkel, aunque en este caso los supuestos leguleyos eran judíos. Sus mejores películas son las que hicieron juntos, Martin Scorsese como director y Paul Schrader como guionista: recordemos 'Taxi driver', 'Toro salvaje' o la última obra realmente conmovedora del primero, 'Bringing out the dead'. Con el paso del tiempo, a medida que sus películas iban perdiendo interés a marchas forzadas, Scorsese se convirtió en una leyenda viva de Hollywood, mientras Schrader, tras algunas obras magníficas ('Hardcore', 'American gigolo', 'El placer de los extraños' o 'The Walker', que no fue a ver nadie) sobrevivía con una carrera errática que cada vez interesaba a menos gente, aunque no por su culpa: se había convertido en un director que no rodaba lo que quería, sino lo que podía. Y ni así: lo echaron de una secuela de 'El exorcista' y lo sustituyeron, añadiendo al insulto la afrenta, por Renny Harlin.

A Schrader le ha tocado pringar, aunque sin él, Scorsese nunca hubiera llegado a ningún sitio

Ahora, mientras Scorsese se dispone a recibir el premio Princesa de Asturias, lo que haga o deje de hacer Schrader no le interesa a nadie. Cierto es que Scorsese se lleva el galardón más por lo que fue que por lo que es en la actualidad: no da pie con bola desde 'Gangs of New York'. Ha rodado ladrillos como 'El aviador' o 'Silencio' y la única película reciente que se sostiene mínimamente, 'El lobo de Wall Street', es porque nos recuerda logros del pasado como 'Uno de los nuestros' o 'Casino' (donde el papel de Schrader lo heredó muy dignamente Nicholas Pileggi). Ya sabemos que la película es siempre del director, pero Scorsese no habría podido rodar 'Taxi driver' sin la potente historia de Schrader ni 'Uno de los nuestros' sin el libro de Pileggi. Con los guionistas que tiene ahora, solo puede fabricar productos correctos que elabora con su brillantez habitual, pero que decepcionan: 'Silencio' debería haber sido una película conmovedora, pero resultaba soporífera.

En una sociedad que divide a la gente entre triunfadores ('winners') y fracasados ('losers'), a Schrader le ha tocado pringar, aunque sin él, Scorsese nunca habría llegado a ningún sitio. Triunfa la forma sobre el fondo, algo muy habitual en estos tiempos, y el ganador se lo lleva todo, como cantaba ABBA. Y al 'loser' calvinista obsesionado con la redención, que lo zurzan.

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