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Elsa Artadi junto a Eduard Pujol, durante un pleno en el Parlament.

FERRAN SENDRA

La insoportable levedad de la mayoría parlamentaria

Astrid Barrio

Seis meses después de las elecciones la hoja de servicios de la mayoría parlamentaria está en blanco

La mayoría de la Mesa del  Parlament y la Junta de Portavoces han decidido, pese a la oposición de Ciudadanos, PSC, 'comuns' y PP,  seguir adelante con la propuesta de Junts per Catalunya para reformar de la ley de la presidencia, por medio de la cual se pretende hacer posible la investidura a distancia de Carles Puigdemont. Y se pretende aprobarla, al igual que sucediera con las leyes del referéndum y de transitoriedad jurídica, no solo desoyendo la opinión de los letrados del Parlament y la opinión del Consell de Garanties Estatutàries, sino por medio del legal aunque polémico procedimiento de lectura única, vistos los antecedentes del 6 y 7 de septiembre de 2017.

Un verdadero brindis al sol habida cuenta que con toda probabilidad la ley será recurrida al Tribunal Constitucional por parte del Gobierno, dando lugar a su suspensión cautelar, circunstancia que se vendrá a sumar al hecho de que el propio Alto Tribunal ya admitió a trámite hace unos días la impugnación de la investidura de Puigdemont haciéndola a todas luces inviable. Así pues, a menos que se desobedezca, una posibilidad que el portavoz de Junts per Catalunya ya dio por descartada la semana pasada, Puigdemont no va a ser investido presidente, ni que sea de manera simbólica.

Por tanto, la iniciativa de JxCat no tiene más objetivo que seguir escenificando el apoyo a Puigdemont mientras sigue ganando un tiempo que empieza a agotarse, ya no para consensuar un candidato, sino para lograr que Puigdemont ceda el testigo.  De ahí que pese a la existencia de esos medios telemáticos que este viernes se esgrimirán para reformar la ley de presidencia, el grupo de Junts per Catalunya se reunirá en Alemania durante el fin de semana con Puigdemont para que este les comunique si propone a un nuevo candidato o si mantiene su apuesta. Algo que indefectiblemente conducirá a nuevas elecciones en julio a menos que alguno de los partidos independentistas decida por sorpresa romper la baraja. En la decisión del expresidente probablemente pesará mucho el criterio de la ANC, que  por medio  de una consulta interna está decidiendo si mantiene a Puigdemont, si apoya a otro candidato o si se decanta por elecciones, teniendo en cuenta que su presidenta Elisenda Paluzie sigue apoyando a Puigdemont como único candidato posible en la perspectiva de seguir internacionalizando el conflicto catalán y de hacer emerger las contradicciones del Estado.

Casi seis meses después de las elecciones la hoja de servicios de la mayoría parlamentaria está en blanco. No solo no ha investido presidente, carece de iniciativa y va a remolque el expresidente y de entidades al margen de la institución, sino que la primera ley que va a aprobar no va producir más efecto que el estético. Y mientras tanto una de las pocas legislaciones efectivas que ha aprobado el Parlament, por unanimidad, eso sí, ha sido la proposición de ley para prorrogar la obligación de los universitarios de acreditar el conocimiento de una tercera lengua, a propuesta del PSC y Units per Avançar. Demasiada mayoría parlamentaria para hacer tan poco, solo convertir el Parlament un teatro en vez de un ágora.