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Ex del PSC a ERC

Ernest Maragall, en la sesión constitutiva del Parlament.

ELISENDA ROSANAS (ACN)

Ernest se ha vuelto romántico

Jordi Mercader

El veterano socialista, asociado de siempre a una montaña de carpetas repletas de estudios diversos sobre el buen gobierno de las cosas, se ha afiliado, finalmente, a la emotividad republicana

Ernest ya milita en ERC. No debería sobresaltar a nadie; desde su elección como diputado independiente en la candidatura de Oriol Junqueras ha ejercido un papel determinante en la difícil posición de esta fuerza descabezada por el juez Llarena. Pero un poco sí que sorprende.

Ernest Maragall es una persona encantadora disfrazada de político malhumorado, de solvencia ideológica contrastada, un estratega siempre pendiente de una última reflexión y con una experiencia de gobierno indiscutible en ambos lados de la plaza de Sant Jaume; un adversario temible y un polemista inagotable como bien saben las gentes de ERC que están al caso del 'Tripartito I y II'. Su dimisión fue el trofeo nunca conseguido por los republicanos y el déficit de estabilidad interna de estos una de las causas del alto precio del éxito pagado por el primer gobierno de izquierdas en Catalunya desde la República (la de verdad), según decía él mismo en uno de los mejores análisis del primer trienio.

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Desde entonces, miles de catalanes han abrazado el 'procés' agotados por el inmovilismo del Estado ante al fracaso del Estado de las Autonomías, entre ellos muchos votantes y dirigentes socialistas. Ernest rompió con la devoción familiar por la nación de naciones cuando Zapatero naufragó en su ajuste fino de la España plural, cuya principal víctima fue el Estatuto del 2006, aquella tortilla sin huevos rotos que él ayudó a cocinar; luego, abandonó el PSC al negar su partido el derecho a decidir y ahora ingresa en ERC, justo cuando los augurios les son adversos por culpa del empuje del legitimismo encarnado por Puigdemont.

En su carta, el nuevo militante del partido de Companys se refiere a la voluntad de enfrentar “la irracionalidad autoritaria del Estado” y ayudar a “construir el país que ya somos desde las instituciones”. El veterano socialista, asociado de siempre a una montaña de carpetas repletas de estudios diversos sobre el buen gobierno de las cosas, se ha afiliado, finalmente, a la emotividad republicana.

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