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Al contrataque

¿Presidenta o secretaria?

Antonio Franco

De Elsa Artadi lo desconocemos casi todo salvo su tenacidad. ¿Quiere ser una presidenta de verdad o aceptará el papel de secretaria particular desde la distancia de Puigdemont?

Parece que nuestro futuro es mujer y se llama Elsa Artadi. El soberanismo, la fuerza política mayoritaria en el Parlament, parece optar a favor de que los catalanes volvamos a tener pronto un Govern propio. Ha pasado varios meses entretenido en idas y venidas sobre sus candidatos preferidos a la presidencia. Necesitaba tiempo para despresurizarse tras el aterrizaje forzoso y catastrófico de Puigdemont. Se lo ha tomado y finalmente actúa.

Los independentistas han explicado mil veces quién deseaban que volviese a ponerse al frente de la Generalitat y la imposibilidad de conseguirlo. En cambio, han mantenido un hermetismo absoluto sobre algo más importante: para qué van a formar un Govern. Las elecciones dieron derecho a administrar políticamente la autonomía a unas formaciones que no ocultan que desprecian ese planteamiento. Pero su dilema era autonomía -y ahora con la economía vigilada- o nada. Ahora ya saben por experiencia que si no obedecen la Constitución volverá a producirse una intervención fulminante del poder político y judicial del Estado en defensa de los derechos de la mayoría popular no independentista que tiene este país.

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La nueva Generalitat se sostendrá sobre tierras movedizas. Una parte del independentismo alardea de que ya existe -aunque hibernada- la República, habla de ella, la defiende y proyecta irla apuntalando. Otra, más numerosa, apuesta por abrir una etapa pragmática viviendo lo menos mal posible dentro de España. ¿Qué hará Artadi, hasta ahora subordinada a Puigdemont, el más excitado de todos? ¿Presidirá una Generalitat de resistencia y a la contra, aunque poniendo el máximo cuidado en no transgredir las leyes y el Estatut, o intervendrá activamente en los pulsos españoles (de los que depende también el bienestar de los catalanes) sobre la reforma constitucional, política territorial, modelo económico y cuestiones sociales que previsiblemente acompañarán al esperado y próximo hundimiento electoral del PP de Rajoy?

De Elsa Artadi lo desconocemos casi todo salvo su tenacidad. Por no saber, ignoramos incluso si efectuará una ruptura respecto a los suyos e intentará ser realmente, discursos al margen, una presidenta de todos, los no independentistas incluidos. Hay otra cuestión clave: ¿quiere ser una presidenta de verdad o aceptará el papel de secretaria particular desde la distancia de Puigdemont? Tendría muy poca gracia que en este momento histórico en que la mujer empieza a ver reconocido su derecho a la igualdad aquí tuviésemos una lamentable reminiscencia de la subordinación del pasado en la mismísima presidencia de la Generalitat, de aquella que predestinaba al hombre a ser el médico y a la mujer a quedarse en enfermera.

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