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¿Artadi, presidenta con contrato temporal?

Joan Tapia

El 22 de mayo -límite para evitar nuevas elecciones- está cerca. Y ni el PDECat ni ERC las desean. ¿Por qué renunciar al pájaro en mano -el triunfo del 21-D- por ciento volando?

Para Carles Puigdemont es otra cosa. Un 'president' elegido y legal le haría perder su legitimidad como último 'president' electo que solo dejó de serlo por el 155. Por eso prefería apurar los tiempos proponiendo candidatos conflictivos (él mismo o Jordi Sànchez) con el objetivo de demostrar que el gobierno del Estado no aceptaba la libre decisión del Parlament. Aunque -para decirlo todo- la candidatura de Jordi Turull no fue impedida por Rajoy sino por el auto de procesamiento del juez Pablo Llarena. ¿Contra Rajoy?

Puigdemont nunca ha descartado la repetición electoral. Pero desde que el PNV decidió aprobar los presupuestos para -aparte de cobrar el dividendo- torpedear la ambición de Albert Rivera, Puigdemont ha constatado que el sueño de una grave crisis en Madrid es a corto plazo imposible. ¿Por qué entonces arriesgarse a nuevas elecciones?

Y la presión sobre Puigdemont de parte de JxC y de ERC ha aumentado. Para ganar su voluntad (y la de su quincena de incondicionales), lo mejor era proponer la presidencia de alguien de su confianza. ¿Quién? Elsa Artadi tenía muchos números. Economista joven pero competente, y combativa pese a su escasa experiencia política.

Sànchez, con autoridad moral sobre el independentismo al haber sido presidente de la ANC, estar en prisión y ser el número dos de la lista de JxCat (sin ser del PDECat), ha afirmado en declaraciones escritas (meditadas) dos cosas: que unas nuevas elecciones no aportarían nada que no se pudiera hacer ya, y que Artadi era una mujer de gran capacidad que tenía su apoyo.

Al mismo tiempo Pere Aragonès, el actual y cauto hombre fuerte de ERC, ha asegurado en Catalunya Ràdio que la semana próxima podía haber un pleno de investidura y que si la candidata era Artadi no habría ningún obstáculo republicano. ¿Operación concertada Sànchez-Aragonès? No forzosamente. El sentido común les ha llevado a concluir que evitar elecciones exige pagar peaje al desconfiado Puigdemont. Y Artadi es un precio razonable. En la dirección del PDECat puede no gustar, pero la ecuación es: o Artadi, o quien diga Puigdemont, o elecciones.

Además, Puigdemont debe estar inclinándose por el realismo. Ha renunciado a intentar ser investido con la nueva ley de presidencia que se votará pese a que el Consell de Garanties Estatutàries ha dicho que es inconstitucional. Y en su entrevista a 'La República' insiste en que la fidelidad al mandato popular del 21-D exige “coordinación íntima” con “el espacio libre de Bruselas”. Y coordinar implica la existencia previa de Govern.  

Así el esquema que Puigdemont arbitraría sería algo barroco. Artadi presidenta en el interior, en conexión íntima con Bruselas, pero presidenta provisional. A la espera de que un día "glorioso" la evolución en España permita que el Parlament restituya a Puigdemont. ¿Les gusta?

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