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DOS MIRADAS

Imagino la sorpresa de las autoridades alemanas cuando recibieron la insinuación, de los mandos españoles, de que estaría bien premiar a los policías que detuvieron a Puigdemont

La religión explica muchas cosas. España, por ejemplo, tiene una larga tradición de condecoraciones y reconocimientos. La figura del benemérito tiene mucho predicamento. Es decir, el que es digno de honor por sus servicios. Esto es muy católico, muy contrarreformista, basado en la necesidad de recalcar lo que se ha hecho con lustre y esplendor. Barroco. Por el contrario, la concepción calvinista de la cosa pública se basa en otro concepto, el de la frialdad. No el del honor recompensado, sino el del deber cumplido. Llevas a cabo un determinado servicio porque forma parte de las obligaciones que has contraído. El deber no se valora más allá de la necesidad de efectuar las acciones a las que estás obligado. O predestinado, civil y moralmente.

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Por eso imagino la estupefacción, la sorpresa y el desconcierto de las autoridades del land de Schleswig-Holstein cuando recibieron, de las autoridades policiales españoles, la insinuación de que estaría bien premiar a los policías que detuvieron a Puigdemont. "Solo hicieron su trabajo", dijeron los alemanes. Quizás recordaron que los ministros de la policía española han condecorado a Nuestra Señora Santa María Santísima del Amor, a la Virgen de los Dolores de Archidona y al Cristo de la Legión. Y que los policías desplazados en Catalunya han sido homenajeados en Murcia en agradecimiento por su labor ejemplar.

La religión explica muchas cosas. La manera de ser de unos pueblos, el comportamiento de las naciones.

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